Una veintena de voluntarios de la Corporación Cultiva y la Asociación Nacional de Recicladores se puso manos a la obra para armar en pocos días las 1.200 cajas de alimentos y elementos de protección e higiene que donó Fundación Coca-Cola para las familias de recolectores de base más afectadas por la pandemia. Journey conoció a Antonio, un motivado voluntario que participó en el empaquetado de los insumos que viajarán a numerosas ciudades del país.

Cuando Antonio Espinoza se levantó en su casa en Estación Central, a las siete de la mañana, seguía lloviendo. Se vistió rápido, se enfundó la parca y salió con la mochila en la espalda. “Pesqué mi bici y me vine pensando en poder ser un aporte real para quienes hoy lo necesitan”, dice el joven artista de 33 años, que ese día se reunió con un grupo de voluntarios de la Corporación Cultiva.

Antonio llegó pedaleando hasta la sede del Instituto Nacional, en calle Arturo Prat, donde la ONG iniciaba un gran operativo de armado de las 1.200 cajas que la Fundación Coca-Cola entregó, como forma de reconocer, a los recicladores de base que más están sufriendo los embates de la pandemia. Había mucho trabajo por delante, así que los voluntarios, premunidos de guantes y mascarillas, se pusieron manos a la obra.

“Acá estamos Corporación Cultiva y la Fundación Coca-Cola, unidos para ir en apoyo de todos los recicladores, de sur a norte. Las cajas que estamos armando para ellos son muy potentes, traen mucha ayuda y podrían llegar a durarles hasta dos meses”, dice el joven amante de la naturaleza, que desde hace tiempo participa en el voluntariado de Cultiva.

La ayuda para los recicladores consiste en alimentos no perecibles, además de artículos de aseo y de protección personal. “Yo pongo todo el corazón en armar cada caja y siento que estamos transmitiendo esperanza a los recicladores que tanto necesitan la ayuda”, confiesa Antonio.

“Mi gran motivación es siempre ayudar, a la humanidad y a la naturaleza, y los recicladores son guerreros de vida y, sobre todo, una bendición en estos tiempos”, sostiene el joven, que también participó en diciembre pasado en la histórica reforestación del Cerro Renca.

Un grupo de voluntarios de la Corporación Cultiva armó las 1.200 cajas de ayuda donadas por la Fundación Coca-Cola

Voluntarios motivados por ayudar.

En el armado de las cajas en el Instituto Nacional participaron voluntarios no sólo de la ONG, sino también de la propia Asociación Nacional de Recicladores, entidad que ha sido crucial para coordinar la distribución de la mercadería y elementos de protección que cubrirá las necesidades más urgentes de familias de recicladores entre Arica y Castro.

“Nuestros voluntarios siempre están ansiosos por ayudarnos, muchos querían venir, pero tampoco podíamos congregar a gran cantidad de personas acá. Entonces operamos con el máximo de personas posible para poder resguardar la salud de todos y todas; y a la vez el mínimo que nos permitiera avanzar lo más rápido que podamos”, explica la Directora de Educación de la Corporación Cultiva, Alejandra Vidales.

La donación de Fundación Coca-Cola viajará en buses a las distintas ciudades de Chile, para dar un respiro a los recicladores que peor lo estén pasando en tiempos de pandemia, pero también para permitir que quienes puedan seguir operando en labores de gestión de residuos, lo sigan haciendo de manera segura.