Journey conoció a Johanna Velásquez, una orgullosa madre de Macul que hace algunos meses decidió independizarse y poner su propio local con artículos de paquetería. Tanto le gusta lo que hace, que buscó capacitarse en Almacenes de Chile para aprender a administrar mejor su negocio.

En Chile es común encontrarse a la vuelta de la esquina con negocios de barrio que tienen nombres curiosos, neologismos que son creativos homenajes a padres, hijos y familia en general. “IsiCat”, el pequeño bazar que Johanna Velásquez instaló en una esquina de la comuna Macul, fue bautizado así como homenaje a los nombres de su hijas, Isidora y Catalina.

“El negocio es de gran ayuda para la crianza de mis hijas, porque a la grande -que está en la universidad- la he tenido que apoyar más que nunca; y a la pequeñita, que va a entrar a prekinder, igual”, cuenta Johanna, quien decidió abrir su local en la casa de sus padres para vender artículos escolares, regalos y una serie de servicios de paquetería que por su barrio no era fácil encontrar.

Hace unos meses, Johanna decidió renunciar a su empleo como vendedora en una tienda para abrir una empresa. “Me gusta la venta, la atención de público, pero siempre tuve la idea de tener algo propio, porque tenía poco tiempo para compartir con mi familia”, confiesa esta madre, quien asegura que el trabajo es arduo porque es la única que se ocupa de que al local no le falte mercadería surtida.

Lo que más valora de su nueva vida como emprendedora es que logra pagar sus cuentas sin tener que darle explicaciones a nadie: “Ahora me siento una mujer totalmente independiente. Nadie me manda”, resalta Johanna.

Almacenera capacitada

Un día Johana navegaba por Facebook cuando vio una publicidad del programa “Almacenes de Chile”, una iniciativa impulsada por el Ministerio de Economía con el apoyo de Coca-Cola Chile, y que asesora a dueños de negocio. “Vi que era para las Pymes, pinché y comencé a recibir información; después me llamaron por teléfono y me dijeron que podían incluirme”, cuenta la emprendedora.

Fue así como inició su primera capacitación por Internet, que a lo largo de un mes -durante dos horas al día- le fue entregando herramientas para mejorar el desempeño de su bazar. La formación le permitió administrar mejor el dinero, así como a llevar las cuentas del negocio y manejar la caja chica, cosas que antes no imaginaba que fueran tan indispensables.

“Las mujeres somos luchadoras: podemos estar en la casa cocinando o lavando y, a la vez, atendiendo el negocio”, concluye la propietaria del bazar “IsiCat”.