Jéssica Cataldo es integrante de la histórica agrupación Las Hormiguitas de Maipú y lleva diez años dedicada al reciclaje. Por estos días su tarea es el único sustento del hogar, luego de que la pandemia dejara a sus hijos sin trabajo. 

Jéssica Cataldo no para nunca: minutos después de trasladar de un lado para otro sacas de envases reciclables, ya está removiendo cartones a toda velocidad y, acto seguido, se encuentra aplastando botellas plásticas con una fuerza inusitada para su pequeña contextura. Sus compañeras recicladoras del centro de acopio de Maipú dicen que “trabaja como hormiga” y eso no es una metáfora: ella pertenece a la Agrupación Las Hormiguitas, histórico colectivo que reúne a recolectoras de la comuna.

Durante varios años se desempeñó como trabajadora de casa particular, hasta que perdió su empleo en 2010. Fue ahí cuando un amigo del barrio la invitó a que trabajara en la feria: allí se dio cuenta de que el reciclaje podía ser un nuevo camino laboral. Al poco tiempo, y ya como parte de Las Hormiguitas, comenzó a ir a los Operativos de Reciclaje.

Los operativos -que antes de la pandemia se realizaban semanalmente- consisten en retiros programados de materiales reciclables: los vecinos son avisados con antelación y llevan los materiales a la Plaza de Maipú, donde son recogidos por los recicladores. “Al principio yo iba a los operativos y no tenía movilización propia, así que me traía lo que podía”, recuerda. Pero la llegada del Covid-19, en marzo de 2020, cambió toda esa rutina.

Jéssica y sus compañeros recicladores tuvieron que acostumbrarse a la mascarilla y a trabajar respetando la distancia social. Hoy se desempeñan principalmente en la segregación de residuos en el centro de acopio ubicado en la calle San Martín de Maipú, hasta donde llegan los pocos camiones municipales que siguen recolectando material.

Menos reciclaje

“A mí me gusta ser recicladora y me esfuerzo mucho, pero con el coronavirus cambió todo: nos enteramos de que se cerraron varios puntos limpios por los sectores que están en cuarentena y se ha notado mucho la baja de material, lo que nos resiente mucho el bolsillo”, confiesa la recicladora, que es madre soltera de dos hijos con los que vive.

Si bien los hijos de Jéssica son adultos laboralmente activos, el coronavirus les impidió seguir saliendo a trabajar, porque sus empresas se acogieron a la Ley de Protección al Empleo. “Vamos a tener que apretarnos mucho el cinturón”, afirma la mujer, que hoy es el único sustento de su hogar.

Otra de sus compañeras, Ernestina Padilla, también es el pilar económico de su familia y agradece la posibilidad de seguir trabajando en medio de una crisis como la actual: “Yo salgo a trabajar motivada por mi familia, porque este es mi sustento, de esto dependo yo desde que se suspendieron los operativos de reciclaje, porque así puedo pagar la luz, el agua y el teléfono”.

Las siete mujeres y dos hombres que se desempeñan en el centro de acopio de Maipú se han convertido en una verdadera “familia” en el actual contexto. “Somos muy unidos, nos reímos y tiramos la talla; además acá todo se comparte: el pan, al azúcar y el té que traemos”, finaliza Ernestina.

Ernestina Padilla dice que sus compañeras del centro de acopio son como su familia