Su colección es un tesoro de botellas, autos y camiones guardado bajo siete llaves, que cuenta con más de 2.500 piezas reunidas a lo largo de 30 años.

Felipe Rozas cierra la puerta de su departamento en Vitacura y toma el ascensor hasta uno de los subterráneos del edificio. Avanza por un pasillo en penumbras mientras saca un manojo de llaves que le permitirá abrir la puerta de su bodega. Una vez adentro, prende el interruptor y el espacio se vuelve un sueño lleno de luz y color rojo, como si se tratara de una juguetería de película navideña.

Pero el lugar no es un sueño: es un depósito real donde Felipe, miembro del Club de Coleccionistas de Coca-Cola de Chile, guarda parte fundamental de su más de 2.500 piezas alusivas a la marca, entre botellas, autos, camiones, vasos, carteles y otra infinidad de memorabilia. En tiempos de pandemia, ese cubículo subterráneo se ha vuelto su refugio donde volver a ser niño.

“Se ha puesto difícil contactarse con la gente de otros clubes y uno tiene más tiempo para estar en la casa, entonces a eso de las seis de la tarde bajo a mi bodega para limpiar botellas o armar las repisas que hago yo mismo. Cuando estoy ahí, escucho música pensando en cómo organizar mejor la colección y me relajo; el momento de calma me lo está dando el coleccionismo”, sostiene.

Felipe entró a trabajar a Coca-Cola Andina en 1991, donde se desempeñó en distintos cargos hasta llegar a ser Gerente de Marketing. “Estuve 15 años en total y empecé a coleccionar sin darme cuenta de que estaba coleccionando, porque cada vez que salían formatos o sabores nuevos, iba guardando una o dos botellas en mi oficina”, agrega.

La más reciente afición de Felipe es juntar autos de todo el mundo y de distintas campañas de Coca-Cola

La colección

Dentro del templo cocacolero en el que se ha convertido la bodega de Felipe, lo que más ha acumulado en los últimos 30 años son botellas: 1.600 por lo bajo, ordenadas con precisión según campaña, nacionalidad o diseño. Están las colecciones de Disney, de Starwars, de Avengers, de los estados de México o de las selecciones de fútbol que salen para los Mundiales, entre muchas series más.

“Cuando ya tuve un espacio donde acumular, empecé a comprar, pero lo que más me gusta es canjear, por la conversación entretenida que se da en ese trueque”, comenta el coleccionista cuya afición va cambiando conforme pasa el tiempo y descubre nuevos tesoros: “En los últimos meses estoy más preocupado de los autitos y los camiones, que de las botellas”.

Hoy acumula 750 autitos y camiones de Coca-Cola, adquiridos en viajes o a través de Internet. Los autos comenzó a juntarlos después de que la Compañía lanzara en Chile una recordada campaña con la marca Matchbox, mientras que la mayoría de los camiones los ha comprado en Estados Unidos y España, donde dice que se encuentran las réplicas de mejor calidad.

El Club de Coleccionistas de Coca-Cola nació el año 2012 en Chile y hoy reúne a cerca de 50 socios y socias que, al igual que Felipe, se dedican a buscar con paciencia nuevos objetos para hacer crecer sus colecciones. Anualmente se juntan en eventos para conocerse e intercambiar y comercializar sus piezas, pero desde 2020 transformaron sus encuentros en reuniones por Zoom, al menos mientras dure la pandemia.

2.500 piezas tiene la colección de Felipe Rozas, la que guarda celosamente en una bodega