Gilnei Gheno recuerda que un día le llevó agua a su padre, que estaba en la granja bajo un sol implacable armando una canasta con una planta tipo bambú: “Yo tenía 5 años. Juan, mi padre, me acarició cabeza y dijo: 'Un día vamos a tener suficiente energía eléctrica para construir una industria en esas tierras'. Él hablaba sobre el procesamiento de yerba mate, su pasión”, cuenta Gilnei, empresario y uno de los dueños de la yerba mate Gheno.

Más de 30 años después, el deseo de Juan se cumplió: el negocio familiar se convirtió en una yerbatera exitosa. De hecho, no sólo es en una de las proveedoras de Matte Leão, producto que integra el portfolio de Coca-Cola Brasil, sino que se autoabastece energéticamente.

El 13 de diciembre de 2017, la yerba mate Gheno se convirtió en la primera (y única) de América Latina en utilizar energía solar en todas las etapas de los procesos de producción. Ese día se instalaron 62 paneles fotovoltáicos -comúnmente llamados solares- y pronto llegarán otros 26. Al alcanzar la autosuficiencia energética, Gheno dejó de emitir 308.185 kg de gas carbónico en el ambiente, el equivalente a la plantación de 566 árboles o la huella de carbono de seis personas.

De padres a hijos

Yerba mate procesada.

Ubicada cerca de la ciudad de Concordia, de 73 mil habitantes, al Oeste de Santa Catarina, la empresa pertenece a Gilnei y a su hermano Carlos, de 36 y 46 años, respectivamente. Concebida como una hacienda común donde se criaban animales y se cultivaban granos, la propiedad de 53 hectáreas produce actualmente casi 300 toneladas de yerba mate por mes. El camino hasta aquí no fue fácil, e incluyó sueños, determinación, sudor, trabajo duro y, sobre todo, amor.

Cosecha de la yerba mate.

Hasta que el sueño se hizo realidad, sin embargo, la familia de Juan, un gaúcho de Lajeado que llegó a la Concordia en 1969, tendría que dar muchos, pero muchos pasos. El cultivo de yerba mate y el fuerte en aquella tierra eran la soja, el maíz y el feijão. La yerba mate era plantada sólo para abastecer el consumo doméstico de la tradicional infusión. "Era una plantación artesanal. Las hojas se secaban a los dos días. Mi padre, como buen gaúcho, no pasaba ni un día sin tomar mate", cuenta Gilnei.

Socios

La visión industrial de Juan llevaría dos décadas para ser concretada. A comienzos de los ‘90, transformó el cultivo de yerba mate en la actividad más importante de la hacienda. "Entre 2000 y 2005 duplicamos la cosecha y la elevamos a casi 300 toneladas”. En 2006, tercerizaron con una familia amiga el proceso de secado de las hojas. “Pasamos seis años aprendiendo con ellos a secar y canchear (proceso de secado y trituración de hojas y ramas de yerba mate que luego se entrega a la industria)”, destaca.

El 2011 fue crucial para la historia de los Gheno. Ellos habían ahorrado lo suficiente para comprar una máquina pequeña para secar hojas de segunda mano que, finalmente, elevaría el estatus de la granja a la agroindustria. El día de la instalación, sin embargo, Juan falleció. “No podíamos creer que fuera en esa fecha. Mi padre no pudo disfrutar del sueño de toda su vida”, se emociona Gilnei.


Pero el sueño no había terminado. El 15 de noviembre de 2011, el secador comenzó a funcionar y unos días después Gilnei hizo su jugada maestra: se contactó con Matte Leão, unos de sus principales clientes, y se ofreció como socio. Fue un paso enorme para quien había instalado la máquina más importante de la industria yerbatera. “Me preguntaron qué objetivo tenía y yo les respondí que prefería trabajar con un gran cliente en vez de varios más chicos”.

A partir de entonces Gheno pertenece al selecto grupo de proveedores de Matte Leão, que pasan por un proceso permanente de perfeccionamiento y calificación en buenas prácticas de fabricación y manejo agrícola, con foco en la protección del medio ambiente, en el bienestar de las personas y la seguridad de los alimentos.

Sin embargo, aún faltaba la cereza del postre, o mejor, el mate para compañarlo. Ese toque final llegó con los paneles fotovoltaicos que permitieron que la empresa sea autosustentable en todos los procesos de producción.

Mesa para todos

Para Gilnei, no se trata sólo de bajar costos de la empresa, como sucede inevitablemente. "La energía solar causa poco impacto ambiental. De diciembre hasta aquí nuestra empresa crece y 62 placas ya no nos alcanzan. Por eso van a llegar otros 26 paneles solares". Además, resalta que la industria y el área de cultivo de la yerba se sitúan cerca del Parque Estadual Fritz Plaumann, área de preservación ambiental, a orillas del Río Uruguay.

Gilnei tiene motivos para sentirse orgulloso. Además de una trayectoria familiar hermosa y victoriosa, la familia conserva la simplicidad y la solidaridad de los tiempos más duros. Un solo ejemplo sirve como muestra: el salón de fiestas de la familia también es el comedor de los empleados, que preparan las comidas con los dueños en grandes mesas.

El padre de la familia, Juan, seguramente estará viendo la evolución de sus ideas con una sonrisa de oreja a oreja.

Contenido producido por Colabora Marcas