En Coca-Cola hemos aprendido que los grandes desafíos deben abordarse en conjunto y que requieren de soluciones colaborativas. En materia medioambiental nuestra aspiración es que todos nuestros empaques sean 100% reciclables y estamos trabajando junto a nuestros socios embotelladores para conseguir esa meta.

A partir de este año nos hemos impuesto el desafío de recolectar y reciclar la totalidad de nuestros empaques a nivel global al año 2030. Esta es una nueva estrategia denominada “Un mundo sin residuos”. Queremos llegar a recolectar una lata o una botella por cada una de las que vendamos en los próximos doce años, no importa si es nuestra o de un competidor.

Para conseguirlo deberemos actuar de manera colaborativa, en conjunto con las comunidades locales, con nuestros socios embotelladores, con ONG’s, autoridades y consumidores, buscando encontrar en cada lugar donde operamos el mejor camino, el más adecuado a la realidad local hasta alcanzar nuestro objetivo.

Hoy el desempeño integral de una organización es uno de los factores principales del que depende su relevancia social, la preferencia del consumidor por sus marcas, y en último término su permanencia en el tiempo, en un mundo de ciudadanos más conscientes, con acceso a conocimiento e información, listos para condicionar o modificar sus decisiones de compra, que proponen cambios, exigen y juzgan. En definitiva, más comprometidos.  

Vemos una oportunidad que nos exige ser agentes transformadores, y con liderazgo innovar en la búsqueda de soluciones a los desafíos que enfrentamos como sociedad. ¿De qué otra forma podríamos responder a las expectativas del mercado, a las cada vez más exigentes normativas y al mismo tiempo hacer crecer el negocio?

Una empresa que construye una ruta sustentable, consigue disminuir costos en el largo plazo, pero también construye vínculos de pertenencia y afinidad que incentivan a diversas instituciones del mundo civil y público a sumarse a iniciativas que se originan en el mundo privado. Esto genera mayores grados de eficiencia, impacto y alcance, beneficiando a toda la población y consolidando una relación con la empresa que dista mucho de ser meramente transaccional.

Esperamos conseguir nuestra meta e inspirar a otros a abrazar esta causa. En el pasado lo hicimos con éxito. Frente a una realidad como la creciente escasez hídrica nos propusimos una meta ambiciosa: al año 2020 regresar el equivalente al 100% del agua que utilizamos. A dos años plazo alcanzamos y superamos ese objetivo, llegando a un 115%, junto a los embotelladores del sistema Coca-Cola.

Pero la disposición a mejorar y a adaptar procesos no basta. Para reducir al máximo nuestro impacto necesitamos más. Ninguna compañía u organización puede hacer un cambio así por sí sola. Es necesario que las estrategias y programas de las empresas encuentren eco en otros actores de la sociedad, y de ser necesario, den el impulso e incentivos necesarios para dar forma a comportamientos más sustentables. Por ejemplo, la preferencia de los consumidores ha sido clave en el impulso al envase retornable, y tendencias emergentes como el eco-diseño requerirán de ese apoyo para consolidarse en nuestro mercado.   

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Hay mucho que podemos hacer. Estamos en la fase reorganización de todos nuestros esfuerzos para potenciar aún más los resultados que nos permitan alcanzar este desafío complejo de “Un mundo sin residuos” para el 2030. Junto a los embotelladores del sistema Coca-Cola, esperamos convocar, sumar esfuerzos y nuevos socios para resolver esta problemática y juntos superar nuestra meta.

Daniel Vercelli Gerente General de Coca-Cola Chile

 

(*) Esta columna fue publicada originalmente en Voces de La Tercera