El diagnóstico es claro: no podemos seguir enviando basura a los rellenos sanitarios. El problema es qué hacemos entonces con los desechos. La alternativa de quemar algunos residuos para producir energía entró fuerte en Europa y, en Chile, recién se está evaluando su factibilidad. Este seminario de Corfo debatió el tema.

“Ya nadie quiere vivir al lado de un relleno sanitario”, advierte Juan Fernández, Coordinador de la COP25 para la Región Metropolitana. Con su ponencia se abrió un conversatorio convocado por la Corfo para evaluar las oportunidades y desafíos de la tecnología Waste to Energy, que se basa en quemar basura para producir energía.

Según datos que maneja la Intendencia, los siete millones de habitantes del Gran Santiago depositan poco más de un kilo de basura diaria en los rellenos sanitarios. “Y la situación es compleja, porque en la provincia de Melipilla, por ejemplo, el vertedero ya no da abasto y seguramente vamos a tener que cerrar rellenos en otras provincias. Llegó la hora de pensar en nuevas tecnologías que conversen con la Ley REP”, agrega Juan.

De ahí que el camino de valorizar los residuos por la vía de la incineración -de uso frecuente en países de Europa- sea una alternativa que despierta el interés de algunos y las dudas de otros que plantean que existen soluciones mucho mejores.  

Factibilidad en el Gran Santiago    

Uno de los expositores de la charla en la Corfo fue Patrick Furrer, gerente de Pöyry Chile, una empresa de origen finlandés-suizo enfocada en consultorías en temas de ingeniería. La compañía fue la encargada de elaborar un estudio de factibilidad para una posible planta Waste to Energy en la Región Metropolitana, cuyo objetivo fue determinar la viabilidad técnica, económica, ambiental y social de ese tipo de tecnología en el Gran Santiago.

“Hicimos un estudio de factibilidad general -no en torno a un proyecto específico- y las conclusiones fueron que la tecnología Waste to Energy puede ser competitiva bajo ciertos parámetros, aunque hay factores que pueden cambiar el resultado económico. El tema de la economía de escala es crucial, porque el costo puede bajar significativamente con una planta de mayor tamaño y la tendencia apunta precisamente a plantas más grandes, de capacidad por sobre un millón de toneladas”, explica Patrick.    

El gerente de Pöyry Chile aclara que hicieron un levantamiento de información sobre cómo los municipios de la RM gestionan la basura y estudiaron además las tecnologías que existen en el mundo para valorizarla, teniendo en cuenta costos, modelos de negocios y el éxito que han tenido, “porque la idea acá no es entrar con tecnologías piloto, hay que hacerlo con tecnologías probadas”.    

Suiza, por ejemplo, es una nación líder en temas de reciclaje, que logró que el 100% de los residuos urbanos dejaran de enviarse a rellenos sanitarios. Y de toda la basura que los suizos generan, el 53% se recicla y el 47% restante se transforma en energía en plantas incineradoras. Países como Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos también están invirtiendo hoy día en plantas de tecnología Waste to Energy.

Energía con desechos orgánicos  

La CEO de TriCiclos, Verónica De la Cerda, fue otra de las participantes en el conversatorio de la Corfo, quien comenzó su intervención aclarando que las plantas que generan energía a través de la quema de residuos “en el fondo están usando recursos naturales no renovables para la generación de energía. Pero nosotros deberíamos empezar por ver la posibilidad de opciones todavía más sustentables que quemar plásticos a través de Waste to Energy, por ejemplo, con la generación de energía a partir de nuestros desechos orgánicos”.    

Verónica explica que, en Chile, más de la mitad de los residuos de la bolsa negra de basura son orgánicos; por lo tanto, se vuelve crucial que los municipios hagan una buena gestión de ese tipo de desechos. “Además, con los residuos orgánicos se puede hacer energía y esa alternativa es efectivamente circular, porque esa materia le pertenece a la tierra, no así el plástico que no le pertenece ni a la tierra ni a la atmósfera”, advierte.