Por Gonzalo Muñoz, fundador y CEO de Triciclos

Existe un factor común en la forma como entendemos el desarrollo: los países siguen un modelo que busca incrementar el ingreso per cápita de la población y, de esa manera, facilitar el progreso asociado a un mayor poder adquisitivo.

El problema es que ese mayor poder adquisitivo se ha transformado en mayor poder de  también adquirir residuos. ¿Por qué? Porque son pocas las industrias que contemplan la externalidad negativa de los productos que ponen en el mercado.

Desde TriCiclos siempre hemos afirmado que “La basura es un error de diseño”. Y con esto nos referimos a diseño de los productos, los modelos de producción, los sistemas de consumo y los procesos de descarte, ya que una enorme cantidad de los productos que compramos están envasados con materiales no reciclables.

Necesitamos que en nuestra región se active una nueva cultura que facilite el diseño de productos 100% reciclables, que cambien los procesos productivos, se active el consumo responsable y se fortalezcan cadenas de reciclaje. Eso incluye empoderar al consumidor como agente de cambio y recuperar antiguas dinámicas de reuso, como envases retornables, productos reparables, bolsas reutilizables y vajilla lavable.

Y es aquí donde entra la Economía Circular de la que tanto se habla hoy. El modelo de desarrollo debe pasar de una base lineal (extraer, producir, consumir y descartar) a una circular, donde los productos están pensados, diseñados y producidos para entrar en los ciclos técnicos y biológicos. En el caso de los ciclos técnicos, se trata de reusar, reparar, compartir y, en el último caso, reciclar, evitando que los materiales se escapen hacia los vertederos, cauces de agua o como partículas de carbono combustionadas que terminan agravando la problemática del calentamiento global.

Y no se trata de demonizar algunos materiales. El plástico, por ejemplo, se ha convertido en una verdadera paradoja de desarrollo. Por una parte, es ligero, dúctil, versátil y barato, lo que ha permitido el desarrollo de grandes innovaciones y soluciones que han mejorado la calidad de vida de millones de personas. Pero al mismo tiempo, muchísimos productos fabricados con este material se descartan con una liviandad pasmosa, consolidando la desechabilidad, hasta el punto que algunos se preguntan ¿para qué vender un producto que dure mucho, si puedo vender muchos que duren poco?

En el año 2009, co-fundé en Chile la empresa TriCiclos. Desde ese momento, hemos trabajado por construir una agenda que potencie una mirada a la Nueva Economía de los Plásticos en las empresas, la academia y los gobiernos. Un modelo basado en la premisa de reutilizar, reciclar y recuperar los productos, manteniendo su calidad y aumentando la vida útil de los mismos, gracias a un ciclo continuo que optimice el uso de los recursos y reduzca las emisiones de carbono.

Porque no se trata de prohibir abiertamente uno u otro producto. Los plásticos son mucho más complicados de entender que una simple botella de bebida o una bolsa. Actualmente existen plásticos muy fáciles de reciclar y otros imposibles. Si lo que quisiéramos es aumentar las tasas de reciclaje de plástico PET (el más habitual en las botellas), no necesitamos una ley de reciclaje: bastaría con herramientas de fomento productivo para fortalecer dinámicas de mercado existentes. Justamente la ley se requiere para que se ecodiseñen los envases de plásticos que no son reciclables, y que a su vez se aumente el reciclaje de aplicaciones plásticas que tienen problemas de calidad y económicos, evitando que terminen en un vertedero.

Hoy por hoy las botellas plásticas de PET, PEAD y PP son, por lejos, la aplicación plástica más fácil de reconocer, vender y reciclar. Son de altísima reciclabilidad y con un valor de mercado que permite su fácil comercialización. Lo que debemos resolver son los plásticos poco comunes como el PVC y el EPS (plumavit); debemos ecodiseñar para evitar aplicaciones plásticas cuyo tamaño sea inferior a 7 cms ya que son muy difíciles de capturar; debemos reemplazar multilaminados y plásticos mezclados con papel, metal o materiales compostables; y por último, debemos reemplazar plásticos que terminan siendo vertidos mezclados con residuos orgánicos. Ahí hay un mundo de oportunidades.

Durante 2019 y, por cuarta vez, Latinoamerica será sede de una cumbre global de cambio climático (COP25). Estoy muy agradecido de haber sido designado como “Champion”, que conlleva el deber de de asesorar directamente a la presidencia de Chile en el desarrollo de este evento y fundamentalmente actuar como un puente entre los gobiernos y el resto de la sociedad para activar la acción climática en todo el mundo. Hay que valorar lo que significa que una cumbre como ésta se realice en nuestra región, porque es muy importante que el hemisferio sur adquiera fuerza en estos temas, ya que hasta hoy los acuerdos y la acción climática estaba muy concentrada en el norte, principalmente en Europa y Estados Unidos.

La ONU identifica 9 características de vulnerabilidad frente al Cambio Climático (áreas costeras de baja altura, zonas áridas y semiáridas, zonas de bosque, territorio susceptible a desastres naturales, áreas propensas a sequía y desertificación, zonas urbanas con contaminación atmosférica y ecosistemas montañosos) y los países sudamericanos reúnen varias de ellas, por lo que las acciones conjuntas son fundamentales. Necesitamos transformarnos en líderes y que todos los eslabones de esta cadena -gobierno, empresas, academia y sociedad civil- se organicen para apuntar al desarrollo sustentable.