Elena Rojas plantó en su vivero semillas de quillay, árbol endémico de la zona central, y esperó semanas a que brotaran, pero nunca asomaron. Repitió el proceso manos en la tierra, se sentó a esperar con paciencia y volvió a quedarse sin ver los brotes. La tercera vez, ya más cansada, insistió de nuevo y esta vez el trabajo dio resultados.

“Ella perseveró hasta que las semillas se dieron, al igual que el resto de los viveristas”, comenta Álvaro Sandoval, presidente de Núcleo Nativo, fundación a cargo del plan comunitario de reforestación apoyado por Coca-Cola y Desafío Levantemos Chile en sectores afectados por los incendios forestales de enero de 2017.

Las protagonistas son diez familias de Rinconada, Nirivilo, Papalillo, Huinganes y Empedrado, en la Región del Maule, que ya completaron la primera etapa de recolección y plantación de semillas en invernaderos. “Las primeras semanas fueron duras, porque el vivero era la representación de su entorno: todo seco y café. Por eso, cuando comenzó a aparecer el verde llegó la alegría”, relata Álvaro.

Ya son 7 mil los ejemplares de especies nativas que han brotado, 700 por familia en promedio, con una diversidad de 20 especies, entre ellas romerillo, chagual, maqui, litre, patagua, peumo y culén. La idea es respetar el proceso natural para luego recrear los bosques de manera biodiversa y representativa del entorno original.



“No fue fácil encontrar paños de bosques sanos para recolectar el planctum -que es la primera etapa de crecimiento de las plantas-  y las semillas para mantener en lo posible la genética. Por eso al inicio logramos pocos individuos por especie, pero de una gran diversidad”, aclara el representante de Núcleo Nativo.

Otra de las especies importantes recuperadas es el huingán, un arbusto que da nombre a la localidad de Huinganes, también afectada por los incendios forestales. Álvaro Sandoval explica que “se recolectarán semillas en tres focos donde hay huinganes maduros y ese hallazgo tiene un valor histórico para las comunidades”.

Ya comenzó el catastro de predios donde se trasplantarán los brotes y se estima que podría reforestarse una superficie equivalente a 50 hectáreas de bosque. “Hay personas que tienen un terreno muy chico, sin acceso a agua y encima se les quemó la casa, pero igual están trabajando su invernadero”, señala Álvaro, quien destaca que se trata principalmente de adultos mayores, como la señora Ercilia Cancino, que tiene 91 años, o don Gerardo Jaque, que bordea los 80.


En Santa Olga la reforestación en tierra tendrá que esperar al próximo año, porque la reconstrucción sigue en marcha; en las zonas de Empedrado y Las Corrientes, en tanto, las trasplantaciones comenzarán este 2018. “Eso es importante porque marcará el inicio de la reforestación, un proceso que durará tres años, y así la comunidad sentirá que está embarcada en algo concreto”, explica Álvaro Sandoval.

Una de las próximas actividades será capacitar a niños de cuarto y sexto básico de escuelas en Santa Olga, Las Corrientes y Empedrado. Se impartirán dos tipos de talleres: uno para que aprendan a valorar su entorno de montaña nativa y otro para que trabajen directamente reconociendo semillas.

“Los viveristas se dan cuenta de cómo ha mermado con los años el entorno ecológico donde crecieron y eso es triste, pero a la vez es satisfactorio verlos hacer un trabajo que los beneficia económicamente y que tiene un sentido trascendente, porque están aportando al entorno de sus hijos y sus nietos”, concluye Álvaro.