El reciclador Francisco Santiago se especializó en recuperar pallets de plantas industriales para repararlos o reciclar su madera y confeccionar muebles. En el camino, decidió inventar una máquina para acelerar el proceso de desarme y logró triplicar su nivel de reciclaje.

Entre una montaña de pallets arrumbados en un centro de acopio de Quilicura, una grúa horquilla se mueve con precisión. Las estructuras de madera han sido recolectadas en distintas empresas de la capital y quien conduce el vehículo de carga es Francisco Santiago, un hombre que ha aplicado su imaginación para evitar que esos maderos vayan a la basura.

Francisco es inventor innato, que sabe verle una segunda vida a todo lo que lo rodea. Por años se dedicó al transporte, pero un día se le cruzó el rubro del reciclaje: “Yo trabajaba en fletes y los fletes comenzaron a bajar mucho, entonces empecé a ver una oportunidad en el mundo de los pallets”, confiesa.

Tanto le cambió la vida, que hoy se considera un reciclador con mayúsculas, pero con una especialidad: recuperar pallets que son dados de baja en la industria, desarmarlos y obtener materia prima que permita refaccionar otros pallets o construir muebles y otras estructuras. Su trabajo es completamente circular: evitar que se pierda material y que todo vuelva a tener una segunda vida.

Francisco se encarga personalmente de todo el proceso: parte en camión hacia distintas plantas a buscar las estructuras de madera en desuso, las acopia y luego comienza el proceso de desarme: saca las tablas con un sistema automatizado que él mismo diseñó y fabricó, y que le enorgullece porque le ha permitido optimizar trabajo.

El reciclador desmonta 100 pallets al día, gracias a la automatización que le permitió la máquina que inventó

La máquina

Ya incorporado al mundo del reciclaje, Francisco comenzó a pensar en un sistema para desmontar las piezas de madera y lo primero que hizo fue tomar las herramientas que tenía a mano para operar la faena manualmente. “Yo comencé a desarmar los pallets con un fierro que se llama desmontador, pero se pierden muchas tablas porque se van quebrando”, explica.

Fue ahí cuando se le iluminó la ampolleta y proyectó en su cabeza el prototipo de una máquina que fabricaría con sus propias manos, donde el pallet entraría completo por una cinta y saldría desarmado al final del proceso. Entonces se informó, juntó materiales como fierro, una huincha y una rueda de vehículo en desuso, y con paciencia le dio forma a su creación: en poco tiempo, la desmontadora de pallets estaba lista para automatizar parte de su proceso de reciclaje.

Para alguien como Francisco, que trabaja solo, la máquina fue de suma importancia para aumentar la productividad de su emprendimiento: de 30 pallets diarios que podía desarmar a mano, pasó a 100 unidades una vez que echó a andar la desmontadora. Otro de los beneficios de su invento fue que ninguna parte del pallet se estropea en el proceso y por tanto se aprovecha el 100% de la madera recuperada.

El reciclador de Quilicura sueña con que, una vez terminada la pandemia, su emprendimiento pueda cobrar todavía más vuelo, ayudado por la máquina desmontadora que él inventó: “A mí me gusta lo que hago, me gusta hacer cosas, crear, es lo que me mantiene en pie día a día, al igual que mi familia”.

La madera que se recupera de los pallets se usa, principalmente, para reparar otros pallets