Acceder a agua potable con tan solo abrir el grifo es una realidad impensada para muchas comunidades rurales de Chile. La geografía inhóspita, la lejanía de los centro urbanos, y la escasez hídrica de muchas localidades -en especial de la zona norte y centro del país- afectan la presencia permanente y segura de un recurso indispensable como el agua.

Desde 1964 existe en Chile el Programa de Agua Potable Rural (APR), nacido a la par del Plan Básico de Saneamiento Rural, que estableció dos compromisos: priorizar el abastecimiento público de agua potable y alcanzar por lo menos a un 50% de la población rural.

De esta forma y desde entonces, el APR trabaja para abastecer de agua potable a localidades rurales concentradas y semiconcentradas, ejecutando proyectos de inversión y asesoría en cada comunidad. Para ello, el trabajo con los actores locales siempre ha sido clave: son ellos quienes se encargan de administrar, operar y mantener los sistemas que les brinden agua potable.

Por eso, el APR promueve la organización comunitaria, integrando a su gestión a los habitantes de la localidad. Así, las personas se convierten en socias de cada proyecto por medio de un organismo comunitario.

Las Asociaciones de Agua Potable Rural, constituidas principalmente como Comités y Cooperativas, son cerca de 1.500 en todo el país, y están gestionadas gracias al trabajo y liderazgo de más de 7.500 dirigentes quienes, ad honorem, han contribuido a dar vida a un modelo público-comunitario de abastecimiento de agua potable.

Los desafíos por delante

A diciembre de 2019 existían en Chile alrededor de dos mil Sistemas de Agua Potable Rural, que abastecen al 99% de la población de zonas rurales concentradas: cerca de 1.843.919 personas. La zona con mayor cantidad de beneficiarios es la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins con 314.566, seguida por el Maule con 307.427 y la Metropolitana con 187.206.

En la actualidad, los programas de Agua Potable Rural dependen de la Dirección de Obras Hidráulicas del MOP, que ha creado la Subdirección de Agua Potable Rural, encargada de llevar adelante el desarrollo de proyectos y la gestión con la comunidad.

Sin embargo, tras cinco décadas de trabajo se impone una  renovación. En este sentido, Rocío Espinoza, Directora Ejecutiva de la Fundación Amulén, entiende que los APR son una solución que por años ha dado acceso al agua a mucha gente en Chile, pero necesitan una adaptación a las nuevas fuentes de agua, y rapidez en su ejecución: “Hoy es un proceso sumamente lento para que una comunidad que, teniendo sus documentos en regla, con sus derechos de agua asignados, tenga acceso a una APR del Estado”.

Además, los APR se han ido enfrentando a diversas dificultades, como problemas técnicos, que derivan en la falta de sistemas o telemetría para administrarlos, cortes no programados por falta de manutención y pozos que se secan, a los que se suman retos en la gestión del sistema.

Por ello, Rocío entiende que es necesario “incorporar nuevas fuentes de agua, innovaciones y también tecnologías para la administración de los APR, buscando que haya continuidad en el servicio, agua de calidad y en las cantidades requeridas por la comunidad local”. Ejemplo de eso es el Fondo Innova Agua, lanzado de forma conjunta entre Fundación Amulén y Coca-Cola Chile y que cerró sus postulaciones con 48 propuestas de 28 comunas de la zona de mega sequía.