Tras su visita a Bogotá, donde expuso en la “Cumbre Regional sobre Sistemas de Reciclaje Inclusivo en América Latina y el Caribe”,  Pablo Badenier se encuentra ya instalado en la oficina de Singular, su Agencia de Sostenibilidad recién estrenada.

El ex Ministro de Medioambiente es, sin duda, una autoridad para hablar de sustentabilidad y de cómo los entes privados y públicos pueden trabajar juntos para un mejor país.

¿Cómo está parado Chile frente al tema de la sustentabilidad en relación al contexto internacional?

Yo soy optimista. Si uno mira las Evaluaciones de Desempeño Ambiental realizadas por la OCDE en 2005 y en 2015, puede verse con claridad cómo hemos progresado en el contexto internacional, pero también los tremendos desafíos  que tenemos como país. El primero de ellos es aumentar la conciencia ambiental de los ciudadanos: aún somos una proporción pequeña los que estamos interesados, informados y tenemos una conducta ciudadana ambientalmente sustentable. De esa necesidad surgen dos temas clave en los que estamos más atrasados: gestión de la biodiversidad y gestión de residuos.

En el tema de la gestión de residuos, ¿existen las acciones adecuadas para promover, por ejemplo, el reciclaje?

Ahí tenemos dos problemas estructurales importantes. El primero, es que en Chile el 90% de los residuos se entierran en rellenos sanitarios, mientras que en los países de la OCDE ese número es, en promedio, de un 15 por ciento. Esa inmensa diferencia corresponde a residuos que podrían reciclarse o valorizarse, no a basura. La economía circular hoy día tiene mucho sentido, porque si esto lo hacemos a un volumen adecuado y con una buena tecnología, el reciclaje es un buen negocio para las compañías: implica ahorro de materias primas, de energía, y obviamente, del costo del relleno sanitario, porque ellos cobran por disponer los residuos. El segundo problema, a mi juicio, es que en nuestro país existe una sensación de gratuidad en generar y disponer residuos. Parece que fuera gratis y eso significa cero preocupación por disminuirlos. La mejor basura es la que no se genera.

¿Es opción incorporar un pago?

La Política Nacional de Residuos, aprobada y emitida el año pasado, señala como parte de sus acciones el estudio de un impuesto más masivo para el financiamiento de la gestión de los residuos. Obviamente, es una materia compleja, pero hay costos que es necesario cubrir, como el aumento de los estándares de seguridad o la migración de vertederos a rellenos sanitarios. Hoy, esos costos, muchas veces, son asumidos íntegramente por municipios vulnerables.

¿Ahí es donde puede entrar la figura del reciclador de base?

Claro, el modelo chileno permite incorporar a una cadena de valorización y recolección a estos recicladores, que son eficientes porque son capaces de llegar a lugares más pequeños, a ciudades más remotas o incluso entrar a un condominio o a una villa, lo que genera un efecto de capilaridad. Por eso es tan importante incluirlos, regularlos y capacitarlos para crear un sistema de registro de competencias laborales. Hacerlo formal, certificarlos.

¿Cuánto nos falta para llegar a eso?

Uno de los principios de la ley promulgada en 2016 es la gradualidad. Hoy existen muchas iniciativas voluntarias de buena fe, pero vamos a transitar hacia un esquema obligatorio.

¿Qué carecterísticas del chileno hay que tener en cuenta cuando hablamos de reciclaje?

La primera, es que siempre hay una enorme diferencia entre lo que las personas declaran reciclar y la cantidad de residuos que se reciclan. La proporción nos indica que menos del 10% de la población realmente lo hace. Lo otro, es la desconfianza en el sistema, por lo que la trazabilidad es fundamental para poder asegurarle a la gente que ese residuo va a llegar a su destino.

Coca-Cola se propuso recuperar el 100% de sus empaques al 2030. ¿Cómo ve el cumplimiento de esa meta en Chile?

Lo que busca la Ley REP es que parte de los residuos que se generen se recuperen al fijar metas de recolección y de valorización. Si hay compañías con ese nivel de compromiso y entusiasmo, creo que es perfectamente posible lograrlo en residuos como el PET o el aluminio.

¿Qué valor le entrega a acciones como la disminución de plástico en los envases, como Ecoflex, o la retornabilidad?

Son fundamentales. Lo ideal es tener menos residuos y por eso he mencionado muchas veces el valor de campañas como la de los envases retornables de Coca-Cola, o la disminución de la cantidad de plásticos en sus envases.

Dentro de la gestión de biodiversidad, ¿es importante el rol de las empresas en este sentido?

Hay recursos naturales que son de parte del patrimonio natural, como el agua, que es un bien nacional de uso público. A mi juicio, todas las Compañías deberían desarrollar compromisos de restituir y conservar parte de este patrimonio. Ahí nuestro país tiene varios pendientes, porque debemos entender que la biodiversidad no sólo se refiere a los parques nacionales, sino también a la comuna, al arbolado urbano con especies nativas y a la conservación de la fauna en las ciudades.

¿Qué papel juega la educación medioambiental en todo esto?

Es muy importante. Las nuevas generaciones vienen con una conciencia distinta, pero es importante apurar esos procesos, porque no basta con la renovación demográfica para solucionar los problemas. Además, hay que llevar esta conciencia a conductas cotidianas, porque las nuevas generaciones tienen más cercanía con el tema medioambiental pero patrones de consumo asociados a lo desechable, a cambiar todos los años de mochila o de teléfono, lo que es muy contraproducente.