Un consumidor que clasifica los residuos antes de llevarlos al punto limpio debe conocer qué materiales pueden ser reciclados con más facilidad que otros. Entre los plásticos, por ejemplo, existen diversos componentes y aplicaciones, que van desde polímeros que se pueden reutilizar, hasta materiales que -con menor vida útil- terminan en la basura y van a dar al vertedero, al relleno sanitario, al mar o incluso a la atmósfera, cuando son quemados.

La Nueva Economía de los Plásticos, que propone un rediseño más ecológico de los envases, destaca la importancia de conocer las siete categorías existentes para identificar con claridad quién es quién dentro de la familia de los plásticos, y saber que no todos tienen el mismo efecto en el medioambiente.

En el número uno está el Polietileno tereftalato o PET, el plástico de las botellas de bebidas y envases de alimentos, que destaca por ser ligero y barato. “Es el que tiene mayor facilidad de ser reconocido y es 100% reciclable en procesos que pueden convertirlo en el mismo componente o incluso en uno de calidad superior”, explica Gonzalo Muñoz, fundador de TriCiclos.

El puesto dos lo ocupa el Polietileno de alta densidad o PEAD, material de las bolsas plásticas y uno de los más usados en la industria, en envases de alimentos y artículos para el hogar. El PEAD se recicla para hacer tubos, botellas y muebles de jardín, por ejemplo.

En el tercer lugar se ubica el Policloruro de vinilo o PVC: un polímero que por su resistencia se usa en tuberías y forros de cables, como también en botellas de detergente, aceites y mangueras. Su reciclaje se hace a nivel industrial, pero es tan contaminante que está prácticamente en retirada en el mundo del embalaje.

El cuarto es el Polietileno de baja densidad o PEBD, un material fuerte y transparente, usado para botellas más flexibles, como las de crema o jabón y en bolsas para basura, comida congelada o pan. Se recicla para nuevos envases o para tuberías.

El número cinco es el Polipropileno o PP, que permite contener líquidos y alimentos calientes, usado también para envases médicos, yogures, tapas, contenedores de cocina y vasos. Se recicla en cables de batería, escobas, cepillos, cubetas de hielo o bandejas.

El número seis es el Poliestireno o PS, con que se fabrican platos y cubiertos desechables, envases de huevos y carne, potes de yogurt, helado o margarina, cajas de CD y medicamentos. Sólo puede reciclarse si no tiene restos de comida. “La necesidad de ecodiseño de los envases de yogurt o margarina, por ejemplo, está dada también por un etiquetado que no lo contamine”, dice Gonzalo, quien explica que si tienen etiquetas de otro material su reutilización se torna inviable.

Los plásticos contenidos en el número siete son los más complejos “porque son plásticos mixtos y, por lo tanto, su factibilidad de ser reciclados es prácticamente nula”, sostiene el fundador de TriCiclos. Los tubos de pasta de dientes o los envases de embutidos pertenecen a esta materialidad que no permite reciclaje.

De toda esta lista, la principal urgencia de ecodiseño es para el 30% de los materiales más difíciles de tratar, que finalmente son las mezclas de polímeros; el Poliestireno expandido o Plumavit; el PVC; los materiales contaminados con residuos orgánicos y los plásticos de tamaño más reducido. “Según la Estrategia Global de Plásticos, este 30% debe abordarse mucho antes de estar pensando qué hacer con las botellas”, precisa Gonzalo Muñoz.

Se espera además que los productores sigan incentivando el reúso de contenedores y reduciendo el gramaje de plásticos en sus envases. Coca-Cola por ejemplo está haciendo ambas cosas: apostando por el formato retornable por un lado y diseñando envases, como Eco Flex de Vital y Asépticos de Andina del Valle, ambos productos con nuevas botellas con menos plástico y más ecológicas.