Ambos partieron como recicladores de base, viven en Quilicura y se llaman Héctor Jiménez. Son padre e hijo, y hoy comparten el sueño de ver crecer su empresa de gestión de residuos. Los acompañamos en un día de recorrido.

Cuando Héctor Jiménez era un niño, su papá -de quien heredó el nombre- trabajaba desde casa en la compraventa de metales. Apenas llegaba del colegio, dejaba la mochila y se metía a la bodega donde separaban la carga que habían recogido durante la mañana. “Ahí, entre los materiales de los motores que se desarmaban, yo tenía un mundo de entretención”, recuerda a sus 23 años.

Héctor padre comenzó hace 18 años reciclando chatarras, cartón y otros materiales en Quilicura, y con el tiempo se fue abriendo a nuevos materiales, como papeles y plásticos. Le fue tan bien con la recolección, que, como familia, decidieron cerrar la amasandería que atendía su esposa y dedicarse por completo a reciclar. 

“Yo trabajo con mi hijo desde que él tenía 13 años, al principio me ayudaba día por medio, cuando llegaba de la escuela, pero cuando terminó su cuarto medio hizo el Servicio Militar y cursó una carrera que no le gustó. Fue ahí cuando me dijo: papá, quiero trabajar contigo, tiremos la empresa para arriba”, relata Héctor Jiménez Barría.

Hace tres años que iniciaron el proyecto de convertir el oficio familiar de recicladores de base en una profesión. Hoy son dueños de la empresa Force Jiménez, que da trabajo a cinco personas y mantiene un centro de acopio y dos camiones. “Mi papel acá fue el de formalizar el tema, porque mi papá era de lápiz y papel entonces nos pusimos a sacar las resoluciones de los camiones y nos formalizamos con facturas y contratos, trabajando como empresa”.

Hoy el emprendimiento opera servicios de reciclaje principalmente en industrias y puntos limpios comunales. Héctor padre es el que cubre la ruta de retiro en empresas, que cada vez son más porque la capacidad de cobertura ha ido creciendo. Héctor hijo, en tanto, es el que hace los contactos y va a las reuniones con los gerentes, porque “se sabe expresar mejor que yo, que estoy acostumbrado al trabajo más bruto”, señala el papá.

Aprendieron que la organización es importante en el programa de reciclaje inclusivo coordinado por CEMPRE Chile. Y así se decidieron, junto a otros recicladores de Quilicura, a formar una cooperativa para enfrentar asociados la competencia de las grandes empresas gestoras de residuos.

Reciclaje de PET

Una de las cosas que más recolectan los camiones de Force Jiménez son botellas plásticas de PET, principalmente desde los puntos limpios de Quilicura. Padre e hijo sueñan hoy con que la empresa siga creciendo, no para llenarse de dinero los bolsillos, sino porque ambos son conscientes de que el servicio que prestan da trabajo y protege el planeta.

“Cuando piensas en todas las toneladas que sacaste de las calles es reconfortante, porque te das cuenta de que ayudaste al medio ambiente. Por eso hay que hacerse cargo de reciclar el PET, pensando en darle un nuevo uso y así evitar que termine en el vertedero”, dice el hijo.

Héctor grande y Héctor chico terminan la entrevista con Journey, confesando lo importante que son el uno para el otro: “Mi viejo es mi orgullo, siempre ha estado conmigo y es un hombre sabio”, confiesa uno, mientras el otro agrega que “no hay como trabajar con su propio hijo, porque uno sabe que él está detrás y eso es reconfortante”.