La Fundación Tantí -que significa semilla, en kunza- trabaja la cultura del reciclaje en uno de los polos más turísticos de Chile: San Pedro de Atacama. Hoy lidera un proyecto de recuperación de botellas plásticas con el que estudian producir un prototipo de ladrillo ecológico de bajo costo.

La popularidad de un lugar turístico siempre tiene su contracara. Bien lo saben los habitantes de San Pedro de Atacama, un pueblo andino que figura entre los 25 destinos más populares de Sudamérica, pero donde la gran cantidad de población flotante provoca notorios efectos medioambientales.

“La situación ambiental de la comuna está saturada, hay un turismo excesivo y poco control. Las mismas autoridades tienen dificultades para hacerse cargo porque la cantidad de visitantes genera gran contaminación y un enorme uso del recurso agua”, comenta Ramón Morales Balcázar, Director Ejecutivo de la Fundación Tantí, una organización que desde 2016 desarrolla proyectos de educación ambiental, agroecología y sustentabilidad en esa zona.

Todo nació de un grupo de amigos que hacía trabajos comunitarios, quienes un día decidieron crear su propia ONG y hoy operan desde una sede comunitaria que les cedió la Municipalidad. “Tantí quiere decir semilla, nombre que sacamos de un diccionario de kunza -lengua de los atacameños- escrito por las comunidades de Alto El Loa. Nos pareció interesante porque simboliza la regeneración o el nacimiento de nuevas formas de pensar y actuar”, explica Ramón.

La Fundación ofrece talleres y charlas de educación ambiental principalmente en escuelas y juntas de vecinos, mientras que en el área de agroecología han montado huertos en proyectos comunitarios. En estos días se encuentran justamente en la etapa de preparación de un huerto para un espacio que les concedió el municipio.

Plástico para ladrillos

Uno de los principales proyectos que hoy desarrolla Fundación Tantí, con el apoyo de la Municipalidad, se llama “Menos contaminación en San Pedro de Atacama a través de una red de reciclaje in situ”. Esta iniciativa busca reducir el impacto de los residuos plásticos en el territorio. Financiada por el Fondo de Innovación Social Innova Chile de Corfo, ya dispone de una red de reciclaje en la zona, una máquina que transforma el plástico en chips y un completo equipo de trabajo, “pero todavía falta la transformación y valorización de ese plástico a través de ladrillos u otro tipo de producto”, explica el director ejecutivo de la ONG.

La faena consiste en recolectar botellas, limpiarlas, retirarles la tapa y la etiqueta, para dejarlas en condiciones de ser procesadas. Precisamente fue ese el trabajo al que se abocaron los trabajadores de Coca-Cola que participaron del desafío One Team One Love en Atacama: limpiaron un basural, recolectaron envases PET y luego los clasificaron.

“Hay muchos de esos basurales en San Pedro, y tanto los habitantes como los negocios son responsables, porque por ahorrarse el pago del retiro de escombros los dejan en sitios ilegales”, explica Ramón, que en julio pasado visitó el Departamento de Ingeniería Química, Biotecnología y Materiales de la Universidad de Chile con la misión de explorar la solución más eficiente para el plástico que recuperan.

La idea es ir más allá de los ecoladrillos, que se hacen rellenando una botella con plásticos, y apostar más bien a un prototipo ecológico que reduzca todavía más el impacto del PET en el ambiente. “Vamos a aplicar el plástico como materia prima para ladrillos que usan otros insumos, porque el desafío es encontrar un ladrillo sustentable que pueda ser vendible y se produzca a un costo bajo”, precisa Ramón.

La ONG apuesta a obtener un mayor compromiso y acción concreta en las labores de protección del patrimonio medioambiental de San Pedro de Atacama y, por ese motivo, promueven el uso de envases retornables por tratarse de una zona aislada, con altos costos de traslado y muchos otros residuos que gestionar.