Luego de tres años de intensa investigación, la Fundación Ellen MacArthur concluyó que para 2050 habría más plásticos que peces en el mar. El informe, difundido en 2016, fue el puntapié inicial para que la Fundación pusiera en marcha su modelo de trabajo a nivel global, centrado en acelerar la transición hacia una economía circular.

“A partir de ese momento muchas empresas comenzaron a responder y a bajar al terreno la visión del reporte. En 2018 la idea fue expandir esta visión a todo el mundo y así creamos el Compromiso Global por los Plásticos y la Red de Pactos por los Plásticos”, explica Luisa Santiago, líder de las operaciones de la Fundación América Latina.

El primer Pacto por los Plásticos se lanzó en el Reino Unido en 2018, en marzo de 2019 se sumó Francia y recientemente lo hizo Chile, el tercer país en comprometerse y el primero de la región gracias a una alianza entre el Ministerio del Medio Ambiente, la Fundación Chile y ocho empresas con operaciones en el país.  

¿Qué objetivos persigue el Pacto por los Plásticos?

Se busca crear una visión común a nivel de país, una hoja de ruta para cumplir con tres principios: eliminar los plásticos problemáticos, innovar para asegurar que los plásticos sean valorados y, finalmente, hacer circular los plásticos de modo que se mantengan dentro de la economía y fuera del medio ambiente.

¿Qué significa que los plásticos sean valorados?

Los envases de plástico actuales pueden ofrecer beneficios, pero tienen en su diseño un fallo intrínseco: su vida útil es muy corta y sin embargo el material persiste por siglos. Queremos cambiar esto, impulsar la innovación para asegurar que todos los envases de plástico sean reutilizables o reciclables.

¿Cuál es su evaluación de lo que sucede en la región? ¿Cree que el Pacto firmado recientemente en Chile puede replicarse en otros países en el corto plazo?

La región avanzará con mayor rapidez cuando supere las barreras en infraestructura para el reciclaje; en ese sentido, la regulación es clave para impulsar el tema.

Creemos que hay países que están muy avanzados en este tema como por ejemplo Colombia, que lanzó este año su Estrategia Nacional de Economía Circular. Por otra parte, Perú tiene un enfoque de plástico muy avanzado y una la legislación muy buena en plásticos. Ecuador también maneja una hoja de ruta de economía circular y así puedo mencionar varios países. El Pacto por los Plásticos surgió primero porque la iniciativa  fue catalizada por varias organizaciones sociales y porque el Ministerio de Ambiente tenía un mandato clave para trabajar en este tema. Vimos una oportunidad de lanzar la red en América Latina y así nació el primer Pacto en Chile.

Entre sus socios globales y locales aparecen grandes multinacionales, ¿cómo se puede aplicar el Pacto a escala más pequeña?

Las grandes compañías tienen el beneficio de la escala y el alto impacto de sus acciones, mientras que las pequeñas tienen una capacidad de reacción más rápida y muchas veces ya nacen con la visión de la economía circular. Creo que subestimamos el rol de las pequeñas empresas y su potencial aporte para hacer una diferencia.

¿Cuál es el rol que el compete a las empresas para que el Pacto por los Plásticos cumpla sus objetivos?

El rol del sector privado es clave. Nosotros creemos que involucrar al sistema es la mejor manera de cambiarlo. Las empresas son en parte responsables del problema del plástico y sus soluciones deben venir de sus sistemas de innovación. Hemos logrado inspirar a muchas empresas a sumarse a esta visión de la nueva economía.

La entrevista completa a Luisa Santiago puede leerse en Hub de Packaging Sustentable de ComunicarSe.