Un grupo de funcionarios de la embotelladora Coca-Cola Andina decidió tomar la pala y ser parte de los cinco mil voluntarios convocados para la reforestación más grande de la historia de Chile.

 

El 6 de diciembre fue un viernes especial para una veintena de colaboradores de Coca-Cola Andina. Llegaron igual de temprano a la planta de Renca, pero en vez de quedarse trabajando detrás del escritorio, salieron a hacer historia por el medio ambiente en el marco del #6D, la mayor jornada de reforestación en Chile.

El equipo de voluntarios de la embotelladora -conformado por gente de las áreas de recursos humanos, comercial, medio ambiente, e-commerce y sustentabilidad- llegó puntual a las faldas del cerro Renca para sumarse a la reforestación ciudadana de 15.000 árboles, organizada por la Corporación Cultiva y la Fundación Avina.

Unos tomaron las palas, otros se echaron los chuzos al hombro, mientras el resto escalaba cargando las especies nativas que cambiarían el paisaje del futuro Parque Metropolitano de la comuna. Había emoción en el grupo, porque todos eran conscientes de que esa acción transformará la cara al cerro y la calidad de vida de los renquinos.

Según explica Ignacio Orrego, Jefe de Talento y Desarrollo Organizacional de la compañía, “Fue un gusto venir con el equipo a plantar árboles, llevando adelante una iniciativa tan bonita. Aunque mi contacto con la tierra y la agricultura siempre han sido escasos, tocaba ponerse los guantes y sacar la pala”.

Una práctica con conciencia

Ante de llegar a hacer su práctica al área de e-commerce de la embotelladora, la estudiante universitaria Francisca Mazuela había decidido inscribirse como voluntaria del #6D: “Cuando me enteré de que había quedado en la práctica, me dio pena tener que decirles que no a los monitores de la reforestación, porque soy fan del medio ambiente y me motiva la sustentabilidad”.

Pero lo que Francisca no sabía era que, siendo parte de la Compañía, le volvería a llegar la invitación para reforestar. La noticia la puso feliz y no lo pensó dos veces: su misión era estar ahí esa mañana. “Los árboles son el pulmón del mundo, plantar árboles es plantar vida y como esto es un parque metropolitano, la idea es hacerlo bonito, para que dure”, explicó la joven.