Producir envases más ecológicos tiene efectos concretos en el cuidado del medioambiente. Como muestra, la recién llegada tecnología Apet permite bajar en un 40% el plástico de las nuevas botellas de Andina del Valle, lo que a la vez reduce el volumen de residuos y genera un uso más eficiente de la energía.

La empresa TriCiclos realizó un estudio que permite a los consumidores identificar los beneficios medioambientales de los néctares de 1.5 y 2 litros. En esta investigación, el Dictuc de la Universidad Católica se encargó de elaborar el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) de los productos.

“Este análisis consiste en caracterizar y calcular todos los impactos que tiene la producción, transporte y disposición del envase a lo largo de su vida útil”, explica Luis Cifuentes, director de la Unidad de Gestión y Política Ambiental de Dictuc y docente de la UC.

Para el profesor de ingeniería es lógico que, si se disminuye la masa de plástico del envase, “habrá disminuciones proporcionales en el consumo de materia prima y de la energía usada para producir el material; habrá además menos masa que se lleva a los rellenos sanitarios y eso podría aumentar la reciclabilidad del envase”.

El estudio concluye que en el proceso de producción de los nuevos envases de jugos Andina del Valle -si se los compara con la versión anterior- se ahorra una cantidad de energía similar a la que consumen 65.263 hogares en su funcionamiento eléctrico mensual, que equivalen a una comuna como Peñalolén.

Y si se comparan las botellas que se producían 2016 versus las hechas bajo la tecnología Apet, disminuyen en 1.740 las toneladas anuales de residuos resultantes después de consumido el contenido. Eso implica que se está ahorrando una cantidad de metros cúbicos en vertederos similar a 15 piscinas de tamaño olímpico.

Botellas eco-etiquetadas

Los renovados envases del néctar producidos en 2018 poseen además una rotulación especialmente pensada para informar a los consumidores sobre cómo devolver esas botellas al ciclo productivo, para poder reciclarlas. Ese sello invita a lavar y secar el contenedor vacío, para después llevarlo libre de residuos orgánicos hasta un punto limpio.

“El envase consta de la botella, la tapa y la etiqueta, y cada uno tiene un tipo diferente de plástico. Entonces, con este eco-etiquetado las personas conscientes van a poder llevar las botellas al depósito indicado. Porque si se mezclan, después hay que separarlos y eso produce un serio problema en la materia prima reciclada”, advierte el investigador.

Dentro de los diversos tipos de plásticos que existen -y que se han concentrado en siete grandes grupos-, el PET de la botella de jugo corresponde al grupo Nº1; el Polietileno de Alta Densidad (HDPE) de la tapa pertenece al grupo Nº2, y el Polipropileno (PP) de la etiqueta figura en la categoría del grupo Nº5.

Los beneficios ambientales producto de la reducción de plástico de los envases de Andina del Valle están antecedidos por la disminución de polímeros que tiene la botella Eco-Flex de Vital, pionera en su tipo en Chile. Ambas modificaciones de envases han representado un avance sustantivo para la sustentabilidad de los procesos operativos de ambos productos, al punto de que, si en 2016 un 97% de los residuos de sus botellas era reciclables, en 2018 el 100% puede ser reciclado.