Cada vez hay más empresas que contribuyen a que la economía circular funcione a través del eslabón del reciclaje. Hace cinco años, algunas de ellas se unieron para crear una asociación gremial y hoy trabajan para que la gestión de residuos sea cada vez más inteligente.

Una decena de empresas de rubros asociados al reciclaje decidieron juntarse en 2013 y crear una entidad gremial que buscara el desarrollo de sus propias actividades económicas, pero que también trabajara por la racionalización de los recursos y su protección. Además, querían transmitir a entidades públicas y privadas los conceptos necesarios para el mejor desarrollo del reciclaje en Chile y así apostar por la economía circular. Con esos objetivos, nacía la Asociación Nacional de la Industria del Reciclaje (ANIR).

La idea era hacer frente a la preocupante estadística de que Chile es el segundo país de la OCDE que más basura lleva a los rellenos sanitarios: actualmente, un 90% de los residuos que se generan tienen ese destino.

A cinco años de su nacimiento, ANIR reúne a casi una treintena de empresas de los distintos eslabones de la cadena industrial del reciclaje de papeles y cartones, biomasa, metales, plásticos, vidrios, aceites, baterías y neumáticos, además de la gestión de los residuos y servicios asociados. “Ahora entrará incluso una empresa de residuos médicos”, explica su Gerente General, Alejandro Navech.

¿Cuál es objetivo de la Asociación?

Nosotros partimos con diez socios y hoy somos 28. Aceptamos a todas las empresas que quieran contribuir a que la economía circular funcione a través del eslabón del reciclaje; es decir, que los residuos sean vistos como recursos.

Son empresas con objetivos muy diversos

Reunimos en un mismo gremio a distintas empresas presentes en la cadena del reciclaje: las que diseñan contenedores diferenciados para reciclaje en casa, como Plastic Omnium; las que retiran ese material, como Veolia; las que trabajan en gestión de residuos y puntos limpios, como TriCiclos; las que hacen educación ambiental, como Kyklos; las que reciclan cartón, como Reinsa, aluminio como Metalum, plástico, como Geenplast, o vidrio como CrisToro; o las que hacen tratamiento industrial, como Gerdau Aza, por nombrar algunas.

¿Qué materiales son los que más reciclan?

El reciclaje más antiguo en Chile es el acero, con 900 mil toneladas, y el papel y cartón, con 500 mil toneladas al año. Pero los residuos de biomasa -de aserraderos, forestales o agrícolas, por ejemplo- representan el principal volumen de valorización: hasta 3 veces el reciclaje del acero. Mientras que de vidrio se reciclan casi 80 mil toneladas al año y de plástico, 70 mil.

¿Y dónde se recicla más: a nivel domiciliario o industrial?

En el mundo industrial está bastante solucionado el tema de los residuos. Las tasas más bajas de reciclaje se producen en domicilios, por eso hay que reciclar más ahí y evitar que cartones, papeles o vidrios se pierdan. Cada vez son menos los recursos que se entierran en rellenos sanitarios en el mundo. Y Chile debe avanzar hacia allá.

¿Y qué hacer para aumentar ese tipo de reciclaje?

La nueva Ley REP obliga a los productores a cumplir metas de recolección de residuos generados en sus procesos, pero el problema ocurre cuando tengan que ir a buscarlos, porque otra Ley, la Orgánica de Municipalidades, dice que la propietaria de ese residuo que está fuera de los hogares es la municipalidad. Se contrapondrán entonces dos modelos: el nuevo, que ve al residuo como recurso, y el antiguo, que lo ve como basura. Por eso las divisiones medioambientales de las municipalidades deben liderar el cambio y productores, gestores y municipalidades deben sentarse a conversar.

¿El reciclaje industrial es un buen negocio?

Hay aspectos que no son tan rentables, pero otros claramente sí. El reciclaje a nivel industrial ocurre desde tiempos de la Primera Guerra Mundial, donde se gestionaban los escombros. El Bureau International Recycling -asociación a la que pertenecemos como ANIR- tiene más de 70 años y surgió precisamente con el reciclaje de acero, porque había un recurso botado que se podía reincorporar.