Respetar el medioambiente es tarea de todos. Así lo entendió un grupo de empresas chilenas que desde 2009 se propuso ser activo promotor del cuidado del planeta. Bajo el nombre de CLG Chile (Líderes Empresariales Contra el Cambio Climático) la iniciativa privada se inspiró en el Corporate Leaders Network for Climate Action que en Reino Unido ya llevaba algunos años propiciando políticas sustentables para Europa. El mismo Príncipe Carlos de Inglaterra, de visita en el país, dio el puntapié inicial a una gestión conjunta que lanzaron en su momento la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, la Embajada Británica y la Cámara Chileno Británica de Comercio.

Príncipe Carlos, durante la visita a Chile en que inició la gestión de CLG Chile.

“El modelo que CLG instaló en Chile es el mismo que se había instalado en Inglaterra: dentro de una universidad, que juega el rol de cautelar que los intereses que defendemos sean los de la economía en su conjunto. Y en eso nos diferenciamos de un gremio, que defiende sólo los intereses de sus miembros”, explica la Directora Ejecutiva de CLG Chile, Marina Hermosilla. 

¿Qué es CLG Chile y qué persigue?

Es una organización donde están las empresas líderes a nivel nacional y algunas incluso a nivel mundial, como Coca-Cola. Lo que busca es incorporar la mirada del sector privado en el diseño de políticas que impulsen la transición hacia una economía mejor, es decir menos intensiva en carbono y más resiliente al clima.

¿Cómo se propusieron enfrentar el Cambio Climático estas empresas?

Tener una economía menos intensiva en carbono implica cambiar muchos procesos productivos y buscar, por ejemplo, políticas e instrumentos que nos permitan mantener nuestro sistema económico, nuestro estándar de vida, nuestras formas de transportarnos, calefaccionarnos y producir bienes y servicios, siendo a la vez compatibles con un planeta sano.

Marina Hermosilla, Directora Ejecutiva de CLG Chile.

¿Por qué es beneficioso para una empresa preocuparse del medio ambiente?

Porque, por ejemplo, dentro de la economía circular, considerar lo que antes era residuo como una materia prima es una forma de ahorrar y así se alinean los objetivos del planeta con los de los negocios. Se crea un win-win y todos ganan en un círculo virtuoso que se retroalimenta. Afortunadamente hacerse cargo del medioambiente es hoy un buen negocio, porque si no fuera así, sería todavía más difícil. Entonces, los que son más visionarios pueden ver en esto una oportunidad.

O sea, las empresas de CLG Chile tienen ese espíritu visionario

¡Claro! Son empresas que lideran con el ejemplo y les muestran a otras el camino que hay que transitar. El Acuerdo de París, por ejemplo, es un tratado que hay que honrar: los países deben incorporarlo en sus economías y eso está cambiando la forma de hacer negocios.

¿Y por qué el Acuerdo de París es tan importante para CLG Chile?

Porque es el principal referente para que los países transiten hacia una economía compatible con el planeta y es el marco donde nos movemos. En ese camino nuestro objetivo es apoyar desde el sector privado para que los organismos de gobierno puedan instalar estos nuevos instrumentos lo antes posible y así Chile pueda capturar las oportunidades de esta transición.

¿Qué beneficios concretos se espera lograr con todo este trabajo?

Son varios. Por ejemplo, al cambiar los sistemas de generación de energía en los países, para ir superando las economías basadas en combustibles fósiles, donde cultivamos la tierra con tractores a petróleo, y hasta nos transportamos o nos calefaccionamos con combustibles de ese tipo, logramos un sistema económico sostenible en el largo plazo, compatible con los límites y condiciones que nos pone nuestro planeta.

Por eso nuestra invitación es a apurar el tranco y a capturar las oportunidades para que los costos sean los menores. Mientras más nos demoremos, los costos pueden ser mucho más altos para las personas, las ciudades y las generaciones futuras.