Lizanett Oyarzún es toda una guardiana del medio ambiente. Por eso, decidió implementar un sistema de reciclaje de botellas plásticas en Isla de Maipo con el que gestiona uno de los puntos de recolección con más movimiento de su comuna. En cinco años ha reciclado 250 toneladas de envases.

Lizanett Oyarzún se enfunda un traje de tela repelente a líquidos, se ata el pelo y se pone guantes y su máscara de protección. Con tres movimientos atléticos, se encarama en la jaula de tres por dos metros que en pocos días los vecinos de Isla de Maipo han llenado de botellas plásticas reciclables. Sin pensarlo mucho, se lanza sobre los envases, sumergiéndose como si fuera una piscina; una vez dentro, se acomoda y comienza a lanzar botellas de jugos, aguas o bebidas a un saco gigante, para desocupar el contenedor.

Hace 15 años que Lizanett recicla botellas de plástico, pero hace cinco que logró que un supermercado le cediera, en pleno centro de la ciudad, un sector permanente del estacionamiento para instalar su contenedor de botellas plásticas. La comunidad ya lo reconoce como un punto neurálgico del reciclaje local, tanto así que no dejó de operar ni en cuarentena. “Cuando partió la pandemia todos nos asustamos, pero el punto de reciclaje de botellas plásticas de Isla de Maipo no cesó su trabajo, y eso se logró por los mecanismos de seguridad que adoptamos”, explica.

Para seguir funcionando, la recicladora concentró los retiros una vez por semana, adoptó protocolos de limpieza y comenzó a operar con trajes especiales de protección y máscaras. Pero el trabajo no lo hizo sola: la apoyó su hijo Mateo que, con la misma convicción y fuerza de brazos de su mamá, es capaz de echarse al hombro y subir a la camioneta una saca llena de botellas.

“Trabajo con mucho volumen, por eso requiero ayuda y a mí me colabora mi hijo; con él vamos juntos a recoger el material de los puntos y luego en casa cargamos la camioneta con los sacos grandes, para llevarlos al lugar de transferencia. Mi casa es mi centro de acopio en Isla de Maipo y ahí separamos el plástico, de los metales y vidrios”, explica Lizanett, que aunque se especializa en gestionar plástico, igualmente recoge otros materiales para donarlos a recicladores.

El trabajo de Lizanett ha tenido un impacto notorio en la zona: en cinco años, su gestión de residuos ha evitado que un total de 250 toneladas de botellas plásticas lleguen a la basura, que equivalen a más de 4.500 botellas, con un promedio anual de 50 toneladas recicladas. Y no es lo único. Su entusiasmo y esfuerzo diario además han contagiado a muchos agentes locales: “He logrado educar a mi comunidad acerca del reciclaje. Me vine a vivir a Isla de Maipo, una ciudad rodeada de ríos y qué bonito es saber que ya he sacado varias toneladas de plástico”.

Con la ayuda de su hijo Mateo, la recicladora carga las sacas con botellas plásticas en su camioneta

Un plástico que se procesa en Chile

Antes de ponerse a reciclar botellas, Lizanett decidió investigar el mercado de los polímeros compostables, como solución medioambiental. Fue en ese camino de estudiar los envases que se encontró con la realidad de las botellas plásticas, entonces decidió hacer un desvío en su objetivo y darse a la tarea de recolectarlas con su emprendimiento llamado “Plástico Vegetal”. Hoy, su camioneta de reciclaje recorre no solo sectores de Isla de Maipo, sino que también hace retiros en el Barrio Yungay en Santiago Centro.

“Existen distintos grupos de plásticos en el mercado, que van del uno al siete: el PET es el número uno, el de las botellas plásticas de bebidas, aguas o jugos, pero también el de los envases para berries y tortas. En Chile hay maquinaria para transformar ese PET a través de distintos procesos, así que si usamos otro tipo de plástico, probablemente habrá que enviar ese material a China; en cambio, si usamos PET, lo vamos a procesar acá”, explica la recicladora.

En su ruta de reciclaje entre Santiago e Isla de Maipo a veces Lizanett desvía la camioneta para bordear la ribera del río Maipo, camino donde siguen impactándole los basurales ilegales, esos mismos que, hace años, la motivaron a cambiar y mudarse para darle un sentido sustentable a sus días: “Yo tengo un sueño y he desarrollado varias estrategias para llegar a ese sueño: ayudar a tener un planeta mejor, escuchar los pajaritos y ver un río con aguas limpias”.

Lizanett vende las botellas a un intermediario de Peñaflor que las envía a destino final, donde son recicladas

Coca-Cola Chile lleva adelante varias acciones enfocadas en fomentar el reciclaje, diseñar empaques 100% reciclables o reutilizables y trabajar con las comunidades para caminar juntos hacia Un Mundo sin Residuos, el compromiso global de la Compañía de reciclar y recuperar el 100% de los envases que comercializa en el mercado para 2030.