Reutilizar y reciclar es el primer paso en la virtuosa cadena de disminución de residuos y también podemos convertirlo en un divertido juego en familia, especialmente durante la cuarentena. La empresa B Kyklos tiene experiencia en concebir al reciclaje como una instancia entretenida de aprendizaje, ya que ofrece todo el año programas de educación ambiental en colegios. 

Los niños y niñas siempre han demostrado ser más entusiastas que los adultos para el cuidado medioambiental. De ahí que el confinamiento familiar por el coronavirus sea una instancia para que padres e hijos descubran lo educativa y divertida que puede llegar a ser la reducción de residuos.

“Los padres nos comentan que fueron sus hijos los que les enseñaron a ser más conscientes de los residuos que generan y cómo reciclarlos”, explica el ingeniero Sebastián Herceg, uno de los fundadores de Kyklos, empresa B que ofrece educación ambiental en colegios y que, en tiempos de cuarentena, reenfocó sus servicios al ámbito on-line.

Sebastián plantea que reciclar en familia es, por estos días, “una oportunidad maravillosa para trabajar la temática ambiental desde la simpleza de la cotidianeidad, observando y reflexionando sobre nuestros propios hábitos de consumo y sobre la cultura del desecho”.

Punto de reciclaje y conciencia colectiva

Lo primero para emprender esta tarea es definir un lugar del hogar que sea el “punto de reciclaje”, explica el cofundador de Kyklos; para eso, recomienda ambientarlo de forma entretenida, invitando a los niños a llenarlo de colores y dibujos que les gusten y despierten su imaginación. Lo otro importante es definir, en familia, un día y horario para trabajar la segregación de materiales, porque la idea es que se convierta en una costumbre.

Es importante reforzar en niños y niñas la forma correcta de segregar los materiales, siempre limpios y ordenados, felicitándolos cuando realicen el proceso de forma exitosa. Y buscar el lado lúdico que las actividades puedan tener; como, por ejemplo, montando una especie de aro de basquetball sobre los contenedores de reciclaje, para que los más chicos jueguen a “encestar” los residuos y ganar puntos. 

Otra de las claves, según Sebastián, está en fortalecer el concepto de corresponsabilidad: eso implica entender que  “el futuro del planeta depende de todos; que cada persona, desde su casa, puede comenzar a generar cambios importantes”: “Si muchos realizan pequeñas acciones, se pueden lograr grandes cambios”. 

Juegos con “erre”

Kyklos lleva varios años trabajando en los temas de educación ambiental y eso ha llevado a su equipo a entender que las botellas plásticas, las tapitas y el cartón son los residuos con los que es más fácil empezar a trabajar: por un lado, porque se trata de materiales versátiles que permiten combinar el reciclaje y el juego; pero además porque se trata de residuos que se producen con frecuencia en las casas, “por lo que siempre están a disposición para realizar desde una obra de arte hasta el juguete más entretenido del mundo”, comenta Sebastián Herceg.

Una propuesta puede ser la de confeccionar juegos de mesa con material reutilizado. Si pensamos en el ludo o las damas, un cartón puede oficiar de tablero y unas tapitas pintadas como piezas. El dominó de cartón de cajas; la cuncuna de tapas plásticas, unidas por un hilo o alambre delgado; o las máscaras de animales hechas con cajas de huevo y pintura, son parte de la larga lista de divertidas alternativas.

Si de botellas plásticas se trata, la gama es amplia: se pueden hacer portalápices o estuches con láminas de PET reciclado, utilizando un cierre y luego personalizándolos; también podemos confeccionar jardineras para plantas en el patio y huertos verticales en los balcones; o diseñar juegos para los más chicos, como el emboque que se arma a partir de una botella, dándole una forma divertida. 

Lo importante es que, cualquiera sea el proceso de transformación que se escoja para los materiales, siempre haya un adulto que apoye y supervise su manipulación para que sea más seguro. Así la gestión casera de residuos en tiempos de cuarentena se transforma en una actividad familiar, donde abuelos, padres y hermanos entienden -como dice el cofundador de Kyklos- que “reducir es el primer paso para contribuir a la cadena virtuosa de disminución de residuos”.