El 1 de marzo se conmemora un nuevo Día Internacional del Reciclador, fecha en que se resalta la enorme contribución que hacen al medio ambiente los hombres y mujeres dedicados al reciclaje. En Chile son más de 60 mil, en su mayoría mujeres, y han comenzado a trabajar unidos para enfrentar los nuevos desafíos que impone la gestión regulada de residuos. 

La unión hace la fuerza y el Movimiento Nacional de Recicladores de Chile lo sabe bien. Por eso es que, desde hace años, fomentan la asociatividad entre recolectores de un mismo territorio, considerando que la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) exige que quienes gestionan los residuos estén certificados.

Para ayudar a esa incorporación formal de los recicladores al sistema, el movimiento creó su propia corporación, como un paraguas bajo el cual se agrupen las cooperativas locales que se crearon en los últimos años. No son muchas todavía, apenas hay una docena en Santiago, pero la apuesta es lograr tener de dos a tres cooperativas en cada región de Chile.

“Queremos seguir haciendo el reciclaje porque somos los que siempre lo hemos hecho, pero tenemos que formalizarnos en cooperativas. Hoy es más importante que antes, porque la Ley REP, que viene con todo, está pensada en modelos empresarios y no en recicladores informales: eso nos obliga a estructurarnos para negociar directamente con privados y no quedar fuera del modelo gestión”, advierte Soledad Mella, dirigenta del Movimiento Nacional de Recicladores de Chile.

Según Soledad, es relevante impulsar un cambio de visión, porque ya no es posible considerar que los ingresos del reciclador se consigan sólo a través de la venta del material recolectado, ya que “si se le paga al jardinero por cortar el pasto ¿por qué no se nos va a pagar a nosotros por sacar los residuos?”. 

Unidos son más competitivos

En 2016 se creó la cooperativa Santiago-Recolecta con el fin de potenciar a sus miembros como gestores de residuos y así sumarse a las exigencias de la Ley REP. Hoy sus ocho recicladores ofrecen servicios a locales -principalmente hostales, hoteles y restaurantes- del Barrio Lastarria y otras zonas de la comuna de Recoleta.

Llevan los residuos a un punto limpio municipal donde se les paga por las entregas de material, aunque el ingreso más importante para los recolectores es el costo fijo por servicio, que en conjunto negociaron con los locatarios. “Ha sido súper bueno para nosotros porque tenemos sueldos más estables debido al cobro por servicio”, explica José Miranda, uno de los miembros de la cooperativa.

En la comuna de Maipú, en tanto, el trabajo asociativo de los recicladores de base también comenzó hace un tiempo y a inicios del verano ya se firmaron los estatutos de la nueva cooperativa que velará por dar nuevas oportunidades de trabajo a quienes por años se han dedicado al oficio de la recolección en el territorio.

Ana Luisa Jaque, recicladora de base y dirigenta del grupo, señala que decidieron formar la cooperativa “porque es la mejor forma de crecer como recicladores y recicladoras. No queremos seguir siendo los cartoneros, sino empresarios del reciclaje”.

En Quilicura, por su parte, los recicladores de base también se unieron y están bastante avanzados en el trabajo de conformación de su cooperativa Tres Cerros, con la cual ya están operando en conjunto para ofrecer servicios a empresas y al municipio.

“Me gustaría transmitirle a los recicladores de otras comunas, que todavía no hayan logrado formar una agrupación, que lo hagan, porque con esfuerzo y ñeque, sí se puede. Nosotros antes íbamos de puerta en puerta y ahora andamos metidos en las empresas, y se nos paga por la gestión que hacemos ahí”, advierte Juan Erices, secretario de la cooperativa y reciclador de Quilicura.