¿Sabías que en Chile se fabrican bolsas 100% vegetales, que pueden compostarse y desintegrarse completamente en menos de seis meses? La empresa pionera se llama Unibag, que apuesta por transformar el mercado de las bolsas con modelos novedosos y circulares.

Cuando se promulgó la ley que prohibió las bolsas plásticas en el comercio, en julio de 2018, la apuesta era generar un cambio cultural que convocara a los chilenos a iniciar una relación más inteligente y sustentable con las bolsas de las compras diarias.

“La primera sorpresa en ese momento fue que se prohibieron todas las bolsas de polímeros derivados del petróleo, independientemente que fueran desechables o reutilizables, la ley no distinguía entre una y otra”, confiesa Eliana Moreno, Gerenta Comercial de Unibag, fábrica de bolsas reusables que por esos días sólo usaba plástico como materia prima.

La empresaria mendocina y su marido comenzaron con la venta de bolsas en Argentina, hasta que un día decidieron hacer las maletas y emprender en Chile. Acá la oferta de bolsas reutilizables era poco diversa, entonces montaron su propia fábrica y se volcaron a innovar. De eso ya van más de seis años.

En 2017 todo iba viento en popa, cuando salió la normativa de las bolsas plásticas -de las más estrictas del mundo- que los obligó a dar un giro. Eliana cuenta que rápidamente se pusieron a investigar nuevas materialidades, porque “la ley obligaba a cambiar de material. Hasta ese entonces las bolsas se usaban en todo el mundo y Chile fue el primer país en prohibirlas”.

Recorrieron ferias por el mundo hasta que encontraron la solución: una novedosa tela vegetal que permitiría fabricar por primera vez en Chile una bolsa reutilizable sin un gramo de plástico. Hace un año ya que lanzaron el producto, cuyo principal valor circular es que puede compostarse. 

La tela es 100% ácido poliláctico (PLA), material derivado del almidón de maíz, que no es el choclo comestible sino uno que se cultiva a escala industrial. Eso hace que la bolsa sea biodegradable. “No es llegar y enterrar la bolsa, debe hacerse en un proceso industrial, que tiene una temperatura distinta al compostaje casero”, precisa la Gerenta Comercial de Unibag.

Se hicieron pruebas con el Dictuc-UC y el Idiem, de la Universidad de Chile, y ambos arrojaron que no contenía ningún porcentaje de plástico. Luego, el material -avalado internacionalmente por Din Certco, organismo alemán de certificación- se sometió a pruebas reales de compostaje en una planta de Pudahuel y en menos de seis meses ya estaba convertido en abono.

Para lograr que el círculo fuera completo y las bolsas efectivamente se composten, Unibag comenzó a ofrecer al retail un programa de recuperación de bolsas post consumo una vez que cumplen su vida útil, a través puntos de recepción. “El incentivo es cerrar el ciclo de la bolsa y asegurar su trazabilidad”, detalla Eliana Moreno.

“Nuestro proceso consta de cuatro erres: reducir, reutilizar, recuperar y reciclar”, agrega Eliana. Reduce, porque la idea es preguntarse por qué usar tres bolsas desechables a la semana en vez de una reutilizable al año; reutiliza, porque comparada con una bolsa de papel, su vida es más extensa; recupera, porque se recibe de vuelta en el retail; y finalmente recicla, porque vuelve a la tierra como compost.

Si al inicio la empresa fabricaba bolsas reutilizables de plástico, hoy la tendencia dio un giro y el 70% de sus ventas son de productos con tela vegetal, y compostables en territorio nacional. El restante 30% es todavía de plástico y aunque otra de sus versiones ecológicas es la bolsa de género -estampada y cosida a máquina- su tiraje es bajo, porque es más cara y difícil de reciclar.

Unibag ya está exportando a Perú, Colombia y Canadá, y en Lima acaban de abrir su primera oficina comercial fuera del país. En lo inmediato, lanzaron una campaña navideña que -en apoyo al Desafío Levantemos Chile- ofrece bolsas ecológicas con mensajes positivos, cuyas utilidades serán para el pequeño comercio dañado en medio de la crisis social.

“El consumidor chileno es el más responsable en el mundo con el medio ambiente”, finaliza Eliana Moreno, consciente que el cambio cultural de reutilizar las bolsas llegó para quedarse y ahora corresponde seguir masificando su consumo.