La clave de la economía circular reside en aprender a reutilizar los desechos para evitar que vayan al vertedero. Así lo entendió hace años Foss Floors, una empresa norteamericana que utiliza  plástico PET de botellas recicladas para elaborar alfombras. Estuvimos con el emprendedor chileno que las importa y vende en Chile.

Journey Chile.-

Rodrigo Bejarano tenía 21 años cuando dejó el país y se instaló en Estados Unidos con muchas ganas de trabajar. “Lo hice por una gran razón: acá eran muy cuadrados y yo buscaba algo más”, dice el empresario, pionero en Chile en la importación de alfombras realizadas con plástico PET, el mismo de las botellas.

Ya instalado en Georgia -en el extremo sur atlántico del país- comenzó a trabajar al área financiera de Foss, una empresa que desde mediados de los años ‘50 confecciona productos del rubro textil, como tapiz para asientos de autos y fibra para ropa. Con el paso de los años, la compañía empezó a experimentar con el reciclaje de plásticos y así llegó a la fibra ecológica, Eco-Fi, con la que hoy fabrica alfombras sustentables.

Foss Floors es líder en el mundo en la fabricación de revestimientos de pisos realizados con botellas de plástico post consumo y desde 2018 entraron al mercado chileno gracias al ímpetu de Rodrigo y su equipo. Los productos que llegan a Santiago viajan desde las plantas productivas de la ciudad de Roma y el pueblo de Chatsworth, ambos en el Estado de Georgia, Estados Unidos.

“Me di cuenta de que la cultura del reciclaje no estaba muy arraigada en nuestro país, mientras que en Estados Unidos existía un producto que funcionaba muy bien. La gente acá todavía no sabe todo lo que se puede hacer con los desechos, por eso sentí que había que prender la ampolleta sobre el tema en Chile y traje las alfombras”, explica el Gerente General de Foss Chile.

Más que alfombras, un estilo

Los productos de polietileno en general usan materia prima nueva, pero el proceso para las alfombras de PET de Foss Chile es distinto: parte con la molienda de botellas plásticas de reciclaje y una vez que se transforman en escamas, se las mezcla con los colores para producir la fibra ya coloreada. Por lo tanto, no son alfombras pintadas y eso las hace ideales para instalar en zonas soleadas sin que se destiñan.

Rodrigo Bejarano explica que en Estados Unidos el PET post consumo lleva años usándose y es muy valorado, porque se trata de un país donde diariamente se consumen al menos 60 millones de botellas de plástico.

Una ventaja adicional es que estas alfombras son muy fáciles de lavar: si se manchan, sólo se untan con una esponja húmeda y listo. “El nuestro es un estilo de piso, no es sólo un alfombrado. Se puede usar en distintos lugares: tanto en superficies interiores como exteriores, en viviendas, terrazas e incluso en muros y vehículos”, detalla el empresario.

La compañia Foss –cuyos productos de venden a través de las cadenas nacionales de retail- proyecta consolidarse primero en el mercado nacional y luego proyectarse a otros países de Sudamérica, como Perú y Argentina. La tarea implica doble desafío: la idea no es solo que a la gente le gusten las alfombras por su diseño, sino que sea consciente de que está comprando un producto producido de manera responsable.

“Me cuesta comparar nuestro producto con otros porque acá hay un concepto distinto. Que éste sea un negocio enmarcado en la economía circular te da la satisfacción enorme de que tu producto está aportando al cuidado del medio ambiente, y eso es un sello fundamental para nuestra empresa”, concluye.