Desde muy niña María Teresa Ruiz González, primera astrónoma chilena y también la primera mujer en graduarse en Astrofísica de la Universidad de Princeton, escuchó de su abuela materna un consejo para toda la vida “No permitas que te digan que no puedes hacer algo por el hecho de ser mujer”. Esas palabras le dieron la seguridad para perseguir sus sueños sin miedo, y la tranquilidad de que, si algo no resultaba como esperaba, sería por falta de talento o de compromiso y no por su condición de mujer.

La astronomía, sin embargo, no fue la primera vocación de María Teresa: en su niñez pensó primero en ser princesa, modelo e incluso santa. Pero tras finalizar sus estudios secundarios ingresó a la Universidad de Chile a estudiar Ingeniería Civil Química, lo que le permitió realizar una práctica de verano en el Observatorio Interamericano del Cerro Tololo, en el norte del país. “Allí, sin previo aviso, me encontré mirando el cielo en una noche perfectamente oscura solo iluminada por las estrellas, fue un flechazo irresistible. ¡Tenía que ser astrónoma!”, recuerda.

Ese flechazo, que la mantiene ocupada y entretenida hasta hoy, le ha permitido desarrollar una carrera profesional y personal fuera de lo común. María Teresa es académica del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y Directora del Centro de Excelencia de Astrofísica y Tecnologías Asociadas (CATA). En 1997 fue galardonada con el Premio Nacional de Ciencias Exactas en Chile, también fue Presidenta de la Academia de Ciencias del Instituto de Chile. En 2000 obtuvo la Beca Guggenheim; en 2013 el Advancement of Women Award entregado por Scotiabank y el Premio Mujer Zonta, y en 2017 el premio L’Oreal-UNESCO For Woman in Science.

Además, es Directora de Comunidad Mujer y ha publicado más de 200 artículos científicos internacionales y cinco libros para público general, niños y jóvenes relacionados con temas astronómicos. Cuando su agenda lo permite recorre el país para dictar charlas en centros educativos.


A la par

Tras el nacimiento de su hijo Camilo, María Teresa aprendió a compatibilizar sus trabajos del Doctorado con la maternidad. Según ella misma confiesa, esto fue posible gracias a que su esposo, el físico teórico Fernando Lund, estuvo de acuerdo en compartir todas las responsabilidades domésticas y de crianza.

Aun así, los primeros años como académica a su retorno a Chile a fines de los años ‘70 no fueron fáciles ni amables como ella esperaba, le tocó vivir la discriminación de género en carne propia. “Se esperaba que mi marido me mantuviera; en el fondo se veía mi salario como algo que yo podría gastar en darme gustos o algo así. Además, a los colegas hombres se les daba la posibilidad de vivir en casas subsidiadas por la universidad. Cuando quedé embarazada y salí con permiso pre y post natal me bajaron el sueldo, ya que una parte importante  correspondía a una asignación de productividad. Era una época pre-internet donde te quedabas totalmente desconectada”, cuenta María Teresa.

A pesar de las restricciones económicas que debió enfrentar durante muchos años, la astrónoma continuó investigando y publicando intensamente. Su tenacidad le permitió obtener una beca y así trabajar con cierta tranquilidad. En 1997, cuando ya llevaba más de diez años estudiando estrellas muertas -estrellas como el Sol que al morir se convierten en rocas hipercalientes que se van enfriando con el tiempo-, descubrió un sistema de dos enanas marrones ubicadas en la constelación austral de Hydra, aproximadamente a 61 años luz de la Tierra.

Este hallazgo significó un gran salto en su carrera como astrónoma y le valió el reconocimiento internacional, sobre todo por ser mujer. Un aspecto que hoy ya no es tan novedoso según indica: “Las científicas hemos pasado de ser una verdadera rareza a una simple minoría. Hay mucho que avanzar en el tema, todavía quedan barreras que afectan a las mujeres que siguen carreras en Ciencias, son distintas dependiendo de su etapa de desarrollo, partiendo por la falta de modelos a seguir y de apoyo familiar para las niñas, barreras que poco a poco van desapareciendo”.

Tras varias décadas de estudio y trabajo, hoy María Teresa es una referente en el mundo de la Ciencia y la Astronomía, y ha sabido superar barreras de género a base de talento. “Aún queda por avanzar hacia la igualdad en todos los ámbitos de la sociedad, el progreso es muy lento. ¡Hay que apurar la causa! Pero que quede claro: hombres y mujeres tienen el mismo potencial de talento y la humanidad no puede despilfarrar el aporte que pueden hacer las mujeres por el bien de todos”.