Se autodefinen como empresas que trabajan “por una economía donde el éxito se mide por el bienestar de las personas, de las sociedades y la naturaleza”. Son las empresas B, una tendencia mundial, también presente en Chile, que no se queda sólo en las buenas intenciones. Deben dar un examen internacional riguroso para certificar que son rentables en lo económico, lo social y lo ambiental.

Cada vez son más las empresas enfocadas en desarrollar modelos de negocios sustentables y crear trabajos “con sentido”. Dentro de ellas, las llamadas empresas B son parte de un movimiento global comprometido con la comunidad y el medio ambiente.

La organización encargada de certificar a las empresas B en todo el mundo se llama B Lab, un organismo sin fines de lucro que nació en 2006 en Estados Unidos y Canadá, con la meta de que el sector privado redefina su sentido para que sus productos y servicios contribuyan con su entorno. Con los años, el Sistema B se expandió a América Latina y en la actualidad está presente en varios continentes.

Actualmente, en Chile existen 113 empresas B certificadas y una veintena con trámite en curso. El proceso consiste en una revisión rigurosa del modelo de negocios de la empresa y sus impactos sociales y ambientales. Las compañías que quieran certificarse deben contestar un cuestionario que permite medir aspectos como la transparencia de sus procesos y la relación con la comunidad, sus trabajadores y el medio ambiente.

“B Lab está reconocido a nivel mundial y la certificación en sí misma es el proceso de validación de lo que estás haciendo como empresa por parte de un ente externo. Te mandan un cuestionario extenso y detallado, donde cada pregunta tiene un determinado valor y debes obtener un puntaje mínimo”, explica Verónica De la Cerda, Gerenta de TriCiclos, empresa B que busca soluciones para reducir la generación de residuos y que pasó por todo ese proceso de certificación.

Según ella, la certificación es una forma de comprometerse y dar garantía de que “somos una empresa que siempre buscó un triple resultado: financiero, social y medio ambiental”.

Si bien en Chile no existe todavía legislación sobre la materia, una de las condiciones para ser una empresa B es poner expresamente dentro de los estatutos de la compañía que su misión no es simplemente maximizar a toda costa el valor económico para los accionistas, “sino también pensar en los efectos que las decisiones tienen en el medio ambiente y las comunidades”, detalla Verónica.

Kyklos es otra empresa B. En su caso, se enfoca en implementar programas de educación para la sustentabilidad a través del reciclaje en colegios. Su gerente, Sebastián Herceg, reconoce que ellos encontraron dentro de sistema B una validación internacional del objetivo inicial que se trazaron como empresa. “Hoy en día las empresas B están marcando la diferencia y Kyklos ha logrado posicionarse al encontrar en el reciclaje una oportunidad para la educación; y en la educación, una oportunidad para el reciclaje”, expone.

Este tipo de compañías también son fuente de trabajos atractivos para las nuevas generaciones. De hecho, según un estudio realizado por Harvard Business Review, los millennials -que son aproximadamente un 50% de la fuerza laboral- buscan empleos intrínsecamente más satisfactorios y que concilien la vida profesional y personal.

En ese sentido, Sebatián asegura que quienes trabajan en Kyklos “son los líderes del impacto que estamos generando. Ellos son lo más importante para mantener una cultura organizacional colaborativa y de profesionalismo ambiental”. Verónica, de TriCiclos, coincide y agrega: “El espíritu detrás de esta tendencia es que cuando trabajes en una empresa B no te desdobles en dos personas -una en la pega y otra en la casa- sino que siempre seas la misma y traigas tus valores a la empresa”.

Para Mercado Birus -una tienda virtual que ofrece bienes y servicios de empresas B-, el componente humano es esencial. Uno de sus fundadores, Pablo Sepúlveda, explica que son una compañía flexible, que vela más por objetivos que por cumplir horarios. “Como somos una empresa de servicios, los trabajadores son fundamentales. Todos estamos contentos con lo que hacemos y alineados con el propósito de construir un mercado más consciente y sustentable”, comenta. Y concluye: “Las empresas B son importantes para el país porque muestran un camino alternativo; ni mejor ni peor que otros, simplemente una manera distinta de hacer negocios que ojalá se masifique. Hay que predicar con el ejemplo y mostrar que es posible desarrollar negocios rentables en lo económico, lo social y lo ambiental”.