Petar Ostojic, tercera generación de una familia de inmigrantes croatas, vivió su niñez en una centenaria casa de la época salitrera en la ciudad de Iquique. Por lo mismo, lleva al norte en su ADN: “Ser nacido y criado en el desierto más árido del mundo te genera una marca para toda la vida. Desde niño tengo una obsesión por cuidar el agua, porque nunca la vi correr”.

Este ingeniero chileno, que estudió en Valparaíso y luego se especializó en Estados Unidos, siempre supo que debía volver a innovar al lugar de sus raíces. Se hizo cargo del proyecto familiar que en los ‘70 comenzó fabricando bombas de agua y lo transformó en Neptuno Pumps, una empresa pionera en diseño de bombas industriales de alta eficiencia energética y la primera chilena en ser reconocida en los premios “The Circulars” del Foro Económico Mundial.

A sus 37 años, Petar es un orgulloso promotor del ecodiseño gracias a las bombas de su empresa, que al final de su vida útil son remanufacturadas con garantía de nuevas. “La Economía circular es eso, un modelo regenerativo y restaurativo que mantiene el valor de los productos y sus materiales durante el mayor tiempo posible, eliminando el concepto de desecho o fin de ciclo de vida”, destaca.

La economía circular precisamente comienza con el diseño. Según el ingeniero, en el proceso del ecodiseño se deben tomar las decisiones correctas: desde la génesis de un producto, pasando por la selección de sus materiales, hasta saber si será fácilmente reparable, desmantelable y reciclable. “La economía circular es como un retorno al sentido común del ser humano, porque durante algunas décadas nos confundimos y empezamos a generar desechos”, recalca Petar, y agrega que muchas veces el ecodiseño exige hacer una inversión inicial de recursos para tener un buen producto que, al final, permitirá ahorrar dinero.

Cuando se transita hacia una economía verde, el beneficio es triple: se lucha contra el cambio climático, surgen nuevos emprendimientos y se crean empleos de calidad. Basta citar el reciente Informe de “Sostenibilidad ambiental con empleo”, de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que proyecta que los esfuerzos por combatir el cambio climático producirán 18 millones de puestos en sectores como la construcción y manufactura hacia 2030. Y América Latina por sí sola generará cuatro millones de trabajos vinculados a la economía circular.

“Estamos viviendo la cuarta revolución industrial y su modelo económico será la economía circular”, sostiene Petar, quien advierte que el fenómeno está recién entrando en Chile y pone como buen ejemplo el desafío que asumió Coca-Cola con el medio ambiente, “dando pasos muy importantes de volver a cosas que se hacían antes, como el uso de los retornables”. A su juicio, la compañía demuestra que no sólo aplica ecodiseño en sus productos, sino en todo su modelo de negocio. Prueba de eso es la incorporación de envases EcoFlex en Agua Mineral Vital y Apet en Andina del Valle.

Formar agentes circulares

Petar Ostojic creó en 2016 el Centro de Innovación y Economía Circular, CIEC, el primero de su tipo en América Latina, que busca desarrollar oportunidades de negocios y acelerar la transición hacia una economía circular. “Pasamos de la práctica a la teoría. Nos fue tan bien con las innovaciones que hicimos que empecé a dar charlas por el mundo”, explica.

Uno de los objetivos del centro es propiciar modelos de negocios sobre la base de estas nuevas ideas, por lo que se asociaron a la Universidad Central para lanzar el Diplomado en Estrategias para una Economía Circular, que se dictará por primera vez entre agosto y octubre de este año. “Es un programa sin precedentes en Chile. Queremos formar profesionales interesados en la sustentabilidad para que puedan trabajar en una economía circular, que es más que una economía del reciclaje. Es un modelo distinto, que llegó para quedarse”.