Entre los camiones brillantes de la estación de bomberos de Lafayette, Colorado, hay un pedazo de pared de madera pintada con un tono muy parecido al rojo. Un rojo desteñido de Coca-Cola.

El pedazo de pared se mantiene firme con ocho metros de ancho y cuatro de alto y sus casi dos toneladas de peso. Pero no es su tamaño lo que lo hace tan especial, sino la historia en su superficie.

Copos de pintura manchan el letrero, que alguna vez se ubicó en la transitada autopista Lincoln, pero que con los años desapareció de la memoria pública, cubierto por un nuevo exterior y olvidado entre las capas de la pared de un edificio destinado a la demolición. Y fue justamente durante ese proceso que este letrero fue descubierto, lo que significó suspender de inmediato los planes de demolición.

"Esto debería salvarse. Esto es parte de la historia de Lafayette”, opinaron los miembros de la comunidad. En lugar de restaurarla, decidieron preservarlo tal como se encontró, como un tributo a las pruebas del tiempo. La idea era preservar “lo real”, por lo que voluntarios sacaron la pintura de la pared del edificio y la transportaron a la estación de bomberos local para su reparación.

Un equipo de conservación pasó varios meses limpiando meticulosamente las hendiduras envejecidas del cartel, para luego protegerlo del desgaste futuro con un sellante protector.

"La gente no siempre recuerda cómo fue hace 10 años, mucho menos a principios del siglo XX, por lo que es muy importante aferrarse a aspectos de nuestra comunidad que demuestran cómo era la vida", dice Sally Martin. Por lo mismo, el mural será trasladado a un edificio histórico, ubicado a una cuadra de su locación original. En ese lugar, los residentes de la ciudad, los nuevo y antiguos, podrán mirar el letrero y compartir una nostalgia común.