Desde 1995 Cecilia Fontealba trabaja en Coca-Cola Andina Coquimbo. Durante mucho tiempo se desempeñó como Encargada de Rotación de Productos: una vez embotellado el producto, debía asegurarse de que su contenido mantuviera la calidad hasta llegar al consumidor. Tres años después de su ingreso a la Compañía, su vida tuvo un tremendo e inesperado giro.

“Decidí viajar en bus para un trayecto a El Salvador, en la III región, decidí hacerlo en bus. A la altura de un lugar llamado Barquito –entre Copiapó y Diego de Almagro–, el chofer se quedó dormido y nos volcamos. Me lesioné la columna y tuve un corte de médula”, relata Cecilia sentada en la silla de ruedas que ocupa desde el 2000, tras haber quedado tetrapléjica.

Estuvo hospitalizada dos años y tuvo que aprender a respirar y a hablar… todo de nuevo. Pero Cecilia tiene algo que la distingue de muchos: posee una tremenda fe y una gran actitud positiva. Eso, además de operaciones y rehabilitación, permitieron que hoy pueda realizar acciones tan simples como sostener y usar un celular, aunque al principio le pronosticaron que quedaría en estado vegetal.

“Todas las semanas recibía un ramo de flores de Coca-Cola Andina y el constante aliento y apoyo para recuperarme”, recuerda emocionada. Al salir del hospital, se movía en una silla manual, y en 2000, cuando volvió a la Compañía se facilitaron todos los accesos para que ella pudiera moverse libremente. “Eso también me dio calidad de vida”, dice. Sus tareas también se modificaron. Hoy, Cecilia realiza capacitaciones sobre la cadena de valor. Martes y jueves va a la planta y el resto de la semana trabaja desde la casa.

Fontealba no le tiene temor a lo nuevo: “enfrento situaciones críticas con tranquilidad. Lo fundamental es tener actitud positiva, perseverancia y ser feliz. Es como la política de Coca-Cola: destapar la felicidad y hacer las cosas con amor”, reflexiona. Por lo mismo, la discriminación no existe para ella. “Soy una más. Cumplo con las exigencias y las políticas de la empresa igual que el resto. Eso también es calidad de vida”, cuenta emocionada.

En la ciudad, maneja una silla a batería. Vive cerca del centro, baila desde su silla, le gusta la jardinería y disfruta de sus vacaciones. Cecilia le dobló la mano al destino y se considera una persona absolutamente feliz y con proyección: “¡Yo todo lo soluciono con una Coca-Cola!”.