La recicladora Lizanett Oyarzún vive en Isla de Maipo y trabaja haciendo retiro domiciliario de residuos en el Barrio Yungay, una vez por semana. Esa fue su manera de reinventarse, cuando el coronavirus la obligó a tomar un receso en su empresa de plásticos compostables. Tanto le entusiasmó la idea, que ahora apuesta a que su nuevo emprendimiento circular siga creciendo una vez que se supere la pandemia.

Lizanett Oyarzún lleva una trenza casual que cae sobre su hombro derecho. Está instalada en su cocina y mira directo a la cámara que opera su hijo Mateo. Con voz relajada da la bienvenida al video tutorial de Youtube en el que, en tan solo seis minutos, explica cómo separar los residuos para reciclar en casa: “Acá vamos a enseñar el abecedario del reciclaje”. De forma sencilla y clara, detalla el paso a paso indispensable, pero pone especial énfasis en la necesidad de aplastar las botellas de plástico.

Desde que empezó la cuarentena, concentró sus esfuerzos en consolidarse como una recicladoraque presta servicio de retiro domiciliario de residuos a condominios del barrio Yungay. Por lo mismo, sabe muy bien lo que implica transportar semanalmente en su camioneta miles de botellas PET, y la importancia de que estén bien aplastadas para un mejor acopio y posterior tratamiento.

“La cuarentena fue una amenaza que se transformó en oportunidad, porque el encierro hizo que muchas personas empezaran a aprender sobre reciclaje y tomaran conciencia. Con el retiro domiciliario de residuos, la gente no necesita salir e igual puede reciclar”, comenta Lizanett sobre el servicio que empezó a prestar durante el estallido social de octubre, pero que se hizo masivo con el confinamiento por coronavirus. Se organiza para salir sólo una vez por semana y tiene la suerte de que la empresa valorizadora donde entrega los residuos sigue recibiendo materiales.

Sin embargo, Lizanett no es nueva en el mundo de los emprendimientos circulares: lleva una década dedicada al estudio y tratamiento del plástico compostable. En 2011 decidió reinventarse, tras una difícil enfermedad y una separación, y dedicarse a innovar con sentido y conciencia ambiental. Viajó por China y Francia buscando aprender alternativas de polímeros orgánicos y una vez de vuelta en Chile abrió su propio emprendimiento llamado Plástico Vegetal, que diseña empaques creados a partir de fermentación de celulosa.

Por razones de infraestructura y logística, y por las complicaciones de la pandemia, decidió tomarse un receso en la pyme de plástico compostable y apostar por la recolección de residuos, una nueva aventura verde que desde hacía tiempo rondaba en su cabeza. Partió en el barrio Yungay, porque en la Municipalidad de Santiago le abrieron las puertas inmediatamente; y aunque también retira latas, cartón y papel, su fuerte son las botellas plásticas.

La ruta domiciliaria se concentra en una sola jornada maratónica. Ese día empieza cuando Lizanett se sube a la camioneta en su casa de Isla de Maipo, para llevar cuatro sacas de 100 kilos de PET a la planta de la empresa valorizadora Integrity, donde el plástico de la botella es convertido en nuevos envases, como bandejas para fruta.

Aprovecha el mismo viaje para desviarse al barrio Yungay a hacer los retiros. Cuando va en camino, se mensajea por WhatsApp con los vecinos de los condominios para coordinar su llegada. Una vez que llega, pasa directo a los lugares de acopio a sacar el material que se ha reunido durante la semana -sin interactuar con nadie- para llevárselo rápido a su casa.

“Me dijeron que tratara de mantener lo más posible el aislamiento, entonces yo hago caso y me quedo lo que más puedo en casa”, dice la recicladora, al explicar por qué decidió concentrar todo el retiro en un solo día y así dedicar el resto de la semana a preparar, segregar y comprimir las botellas PET, que luego lleva a la planta revalorizadora.

Lizanett afirma que seguirá subiendo tutoriales de reciclaje a Youtube durante la cuarentena, mientras que su plan a futuro es hacer retiros en Isla de Maipo y desarrollar un sistema mixto de recolección, donde pueda sumar jaulas para botellas plásticas instaladas en plazas, museos y hospitales de la comuna de Santiago. “Este es un proyecto muy grande, por eso mi idea es poner las jaulas una vez que superemos el coronavirus”, señala.