La pandemia trajo nuevos desafíos para todos y un rearmado de las prioridades. De inmediato, la almacenera Marta Zapata supo que lo más importante era cuidar la salud de su familia y la de sus clientes. Por eso, diseñó un estricto plan para su local en Ñuñoa, con medidas para la atención, recepción de mercadería e incluso manejo del dinero. Así, esta emprendedora, que siempre ha trabajado de la mano de Coca-Cola, pudo seguir adelante.

Un día normal de Marta Zapata comienza con la llegada del pan al negocio, muy de madrugada. Antes de las siete ya se ha puesto el delantal y con su marido están abriendo el portón completo del antejardín, para colgar los letreros, acomodar los estantes de la verdura y empezar a atender a los primeros vecinos que pasan por el almacén antes de seguir rumbo al trabajo. Pero desde marzo, esta almacenera de Ñuñoa no ha tenido un día normal.

“La cuarentena obligó a reevaluar el negocio, ya no partimos a las 6:45 de la mañana y mi marido -que es mayor- dejó de participar durante más de un mes. Las primeras medidas fueron drásticas para poder seguir trabajando: dejamos operativo solo un pedacito del negocio y avisamos a los clientes por WhatsApp que seguíamos funcionando, porque ellos necesitaban de nosotros y nosotros de ellos”, relata Marta.

La clientela del local cambió notoriamente: desaparecieron los habituales transeúntes que circulan alrededor de la Estación Monseñor Eyzaguirre del Metro y aumentaron los residentes que se quedaban teletrabajando en casa. “Tengo una vecina que me dice que yo soy su supermercado”, comenta la dueña del pequeño local que pasó a ser indispensable para su comunidad.

La primera medida que tomó la almacenera fue limitar el acceso, abriendo levemente el portón, lo justo para asomarse y atender un cliente por vez. Implementó un nuevo ingreso para recibir la mercadería, con una estación para desinfectarla antes de llevarla a los estantes, e incluso ideó un recipiente con agua y cloro para lavar todo el dinero que recibiese. “Billete y moneda que llega tiene que pasar por ahí, porque tenemos que proteger nuestras manos”, explica.

“La pandemia nos cambió el switch, nos hizo darnos cuenta de que tenemos salud y que la vida es lo primero, por lo tanto, la parte económica pasa a un segundo plano. Lo que más me motiva es sacar adelante a mis hijos y que mi marido no se enferme, por eso fui estricta y metódica en no contaminarme para cuidarlos a ellos”, sostiene Marta.

Marta es muy estricta en desinfectar las instalaciones, la mercadería y hasta el dinero que recibe

Tiempos para colaborar

Marta es una convencida de que la colaboración ha sido clave para enfrentar los días difíciles de la pandemia. Al comienzo de la cuarentena, tuvo miedo de poder sostener las ventas del local, pero cuando empezó a darse cuenta de que alrededor suyo había vecinos enfermos de Covid-19 y gente con complicaciones económicas, empezó a sentir que su misión era contribuir con el barrio.

“Esta pandemia ha sido para solidarizar con todos y pensar un mundo distinto, porque es primera vez en la vida que nos pasa algo así y son cambios que debemos tomar positivamente. La gente a la que no le ha pasado nada -y tiene salud- es la que está llamada a ayudar a los otros, a los más desvalidos y que no tienen salud; ahí está el equilibrio del ser humano”, agrega.

Marta también es testigo del trabajo colaborativo que todos los días hace Coca-Cola Chile para afianzar la alianza con los negocios, porque ella misma ha sido capacitada por los programas de la Compañía e incluso ha recibido apoyo para mejorar la infraestructura de su local. “Cuando una empresa de la envergadura de Coca-Cola está al lado de uno, se siente ese poder, se siente esa fuerza, se siente que hay personas que están impulsando la labor nuestra”, confiesa.

La compañía desarrolló un plan regional de acompañamiento a los almaceneros en pandemia llamado “Juntos salimos adelante”. Sólo en Chile, son 120.000 los pequeños comercios de barrio que trabajan con Coca-Cola, los que en su mayoría representan el principal ingreso familiar y varios de los cuales son administrados por mujeres jefas de hogar, como Marta: “La mujer pone la fuerza para sacar adelante a su familia y está bien que la mujer también trabaje, porque cuando una mujer trabaja está aportando a la economía y el PIB de un país crece”.