Cuando tenía 10 años de edad, Linésio Ferreira le daba una tregua a los juegos típicos de la infancia para acompañar a su madre a buscar agua en la naciente más cercana a su casa, a más de un kilómetro. Este ritual, que se repetía dos veces al día, era algo común también para otras 150 familias de la comunidad de Itapeipu, en la zona rural de Jacobina (Bahía), que hasta mediados de los años noventa no tenían acceso al agua potable ni tratamiento de aguas residuales. Hoy, la realidad de esta localidad, a 340 kilómetros de Salvador, es otra.

La implantación de un sistema de abastecimiento de agua en esa y otras comunidades de la región -con recursos del Gobierno del Estado de Bahía y del banco alemán KfW- hizo que el agua finalmente llegara a las canillas. "Llegar a casa y tener agua a la hora que quiera, es una satisfacción inmensa ", cuenta Linésio, 42 años, y quien preside la Central de Asociaciones de Jacobina, proyecto que surgió en 1998 a partir de la necesidad de la creación de una organización que coordine todos los trabajos locales.

Linésio Ferreira preside la Central de Asociaciones de Jacobina y ayuda a llevar agua a comunidades rurales.

Esta entidad es responsable del mantenimiento preventivo y correctivo de los sistemas locales, además del tratamiento y control de la calidad del agua que llega a la familia de Linésio y de tantas otras de las poblaciones rurales. Y también promueve acciones educativas sobre el uso racional del agua y la preservación de los manantiales.

Alianza Agua + Acceso

La Central es uno de los proyectos que integran la Alianza Agua + Acceso. La plataforma, lanzada el año pasado y fomentada por el Instituto Coca-Cola de Brasil, une empresas y organizaciones sociales para ampliar el acceso sustentable al agua segura en comunidades rurales de todo Brasil. El programa comenzó actuando con nueve organizaciones en tres estados. Actualmente, ya son 15 proyectos involucrados en ocho estados. La perspectiva es de crecimiento y el impacto debe llegar a 70 mil personas y más de 200 comunidades en 2019.

La Central ya benefició a 16 mil familias rurales con los sistemas de tratamiento de agua. El de Sapucaia atiende a 420 familias. 

Todos los proyectos que forman parte de esa alianza –como la Central- se basan en modelos de gestión comunitaria del agua. "Son modelos autosustentables, las familias participan en la gestión, definen a los operadores que van a velar por el sistema y la asociación define la contribución mensual para que tenga el mantenimiento y garantice el funcionamiento en el tiempo de esos sistemas; así conseguimos invertir en más comunidades y tenemos la tranquilidad y seguridad en su continuidad ", explica Rodrigo Brito, gerente de Acceso al Agua del Instituto Coca-Cola de Brasil.

Con dos sedes -una en Jacobina y otra en Seabra- la Central atiende a otros 23 municipios del interior de Bahía. En total, 16 mil familias rurales ya fueron beneficiadas con la iniciativa. "Nuestra vida mejoró el 1000 por ciento", afirma Joana, madre de Linésio.

El operador, una de las piezas fundamentales de la gestión comunitaria, es elegido por la propia comunidad. 

Operador: un aliado fundamental

Una de las piezas fundamentales de este tipo de gestión es el operador, que es elegido en reuniones comunitarias y recibe capacitación por parte de la Central. "En el campo, es quien realiza una nueva conexión, quien identifica las demandas de los habitantes, quien realiza tratamientos al agua. También hace la lectura de los hidrómetros para medir el consumo y distribuye las cuentas para la población ", detalla Gabriela Marques, gerente general de la Central de Seabra. El valor mensual de las cuentas varía con el consumo, en promedio, entre 10 y 20 reales (entre 2 y 4 dólares estadounidenses).

Edite y Bertolino: juntos desde hace más de 60 años, siguieron de cerca la llegada del sistema de agua.

En la comunidad de Sapucaia, a 16 kilómetros del centro de Jacobina, quien se ocupa de ese trabajo es Romildo Gomes –lo conocen como Rominho- y atiende a cerca de 420 familias de otros seis poblados cercanos. "Tenemos agua las 24 horas del día. Me gusta ayudar porque percibo el impacto de nuestras acciones en la vida de todos", dice. Edite Almeida (87) y José Bertolino (95) siguieron de cerca la llegada del sistema de agua a esta comunidad. "Ahora tenemos agua en la ducha, tomamos ese baño tan deseado”, cuenta ella.

"Esta integración se está transformando en un movimiento nacional; pronto seremos una red brasileña de acceso al agua en todo el país", cree Rodrigo Brito, entusiasmado. "Quien vive en ciudades y está siempre acostumbrado a abrir las canillas y tener agua no sabe lo que es tener un Brasil con 35 millones de personas - 20 millones en zonas rurales - sin acceso al agua tratada en sus casas".

Rominho es operador del sistema de Sapucaia: “Me da placer ayudar porque percibo el impacto de eso en la vida de todos”.