Un estudio reciente realizado en Chile determinó que, si se considerara el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, ejercido principalmente por mujeres, éste representaría el 21,8% del PBI del país. Conversamos con la académica Valentina Paredes sobre ese aporte de la fuerza femenina a la economía y la importancia de la educación para superar la brecha de género.

La economía es una disciplina que, generalmente, deja poco espacio a las mujeres. Bien lo sabe Valentina Paredes, profesora de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, que se mueve en un mundo dominado por hombres. “El semestre pasado fui la única profesora en el Departamento de Economía en carrera académica, hoy tenemos dos nuevas, pero seguimos bajo el 30% que es el nivel mundial de mujeres en economía. Y que sigue siendo bajo”, comenta.

Según la economista -que además es Consejera de Comunidad Mujer- la explicación a esa falta de representación es simple: el mandato cultural de las mujeres a casarse y tener hijos choca con la posibilidad de iniciar una carrera académica, porque la edad en que suele hacerse el doctorado coincide con la etapa en que empiezan a nacer los niños en Chile. Por eso también son pocas las mujeres en las empresas o en la política.

Valentina, sin proponerse ser la excepción a la regla en su disciplina, confiesa que comenzó a interesarse en los temas de género “casi por accidente”, porque lo suyo era más bien el área de la educación. Fue en ese contexto donde empezó a hacerse consciente de las brechas entre hombres y mujeres, que se le aparecían representadas en pruebas como el SIMCE de matemáticas, donde a las chicas les iba peor que a los varones; o en el hecho de que las mujeres eligieran carreras universitarias más vinculadas al cuidado, como salud y educación, en comparación con los hombres, que se inclinaban por aquellas relacionadas con los números.

“La educación tiene un efecto fuerte en el tipo de carrera que siguen hombres y mujeres, lo que puede explicar hasta un tercio de la brecha salarial. Para revertirlo, hay que poner a más mujeres a enseñar matemáticas, por ejemplo, y así proveer de modelo de rol a las niñas; como también diseñar campañas de información para incentivar a las niñas a elegir carreras asociadas a las matemáticas y la ingeniería”, señala Valentina, quien también se desempeña como investigadora en el Núcleo Milenio en Desarrollo Social y en el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, COES.

El aporte de la mujer al PIB

Comunidad Mujer publicó recientemente un estudio en Chile que busca determinar cuánto aportan a la economía las tareas de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, realizadas mayoritariamente por mujeres. El texto señala que si esas labores se llevaran a números y se consideraran como parte del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, su contribución sería de un 21,8% (las cifras están basadas en información obtenida durante el año 2015).

En cuanto al trabajo de las mujeres fuera del hogar, explica Valentina Paredes, “ellas constituyen la mitad de la población de un país y la mitad de las mujeres que está en edad de trabajar no lo está haciendo. Si podemos ayudarlas a empoderarse, darles un empujón para que puedan trabajar en el mercado formal si así lo quisieran -para llegar a los niveles de participación de la OCDE- estaríamos aumentando el PIB en al menos 6%”.

Valentina señala la importancia de proveer a la mujer emprendedora de herramientas que le permitan salir de la pobreza, por ejemplo, a través de programas de crédito y de capacitación que la preparen para iniciar emprendimientos rentables.

“Además, hay otros estudios que revelan que las mujeres tienden a invertir más su salario en la educación de los hijos y, por lo tanto, puede haber efectos positivos adicionales de cómo se gastan los recursos en el hogar, además del impacto en el PIB”, finaliza la docente.