Todavía no cumple la mayoría de edad y la chilena Julieta Martínez ya es una tremenda mujer. Se autodefine como activista climática y por la igualdad de género y no le teme a hablar en público sobre innovación social. Conocimos sus motivaciones en la vida y hablamos del éxito de Tremendas, movimiento que ya reúne a cerca de 200 niñas y jóvenes en el continente.

Julieta Martínez vuelve a casa después de su primer día de clases presenciales tras la suspensión que impuso la pandemia. Ahí la esperan su mamá, su hermana, su perro y una serie de quehaceres a los que se entrega en cuerpo y alma. Tiene apenas 17 años, pero su misión es clara: cambiar las injusticias del mundo. Hace años descubrió que su vocación era la innovación social y fundó Tremendas, un movimiento que visibiliza, conecta y potencia el talento con sentido de niñas, jóvenes y adolescentes.

No le tiene miedo a hablar en público, fue oradora en la COP-25 y acaba de ser nombrada Miembro del Youth Task Force de Beijing+25 de UN WOMEN por lo que la comparación con la sueca Greta Thunberg es inevitable, y a Julieta no le molesta. Es más, dice que le impresiona la cantidad de gente que ha logrado movilizar Greta, a quien considera una fantástica. “Pero no todo se trata de Greta, también hay Sofías, Julietas, Marías y todas las otras activistas ambientales que existen”.

Sentada en el living de su casa, confiesa que siempre fue inquieta: le encanta cantar, bailar, actuar, escribir cuentos y hacer deportes como atletismo, voleibol y surf. Pero advierte que hubo un tiempo en que también fue tímida y no siempre tuvo la facilidad de palabra que hoy es su sello.

¿Cómo eras de niña?

Siempre fui una niña movida y curiosa, me gustaba mucho la naturaleza, disfrutaba de aprender y empecé a escuchar palabras como innovar y emprender. Incluso de pequeña decía que quería ser innovadora social, entonces cuando me preguntaban a qué me refería con eso, les respondía: quiero cambiar el mundo, crear algo que pueda impactar.

¿Cómo te interesaste en la innovación social?

Mi mamá trabaja en el mundo del emprendimiento, haciendo talleres en colegios con jóvenes, entonces desde pequeña empezó a llevarme a charlas, conversatorios y paneles. En esos espacios yo me preguntaba si acaso era demasiado joven para cambiar el mundo, pero mi mamá fue de las primeras personas que me dijo: ‘Julieta, si tú quieres hacer algo, lo vas a lograr’.

¿Qué entiendes por innovar socialmente?

Innovar no es crear la rueda, es tomar algo que existe y estar siempre mejorándolo, buscar cómo puedes impactar desde tu propia realidad a otras personas. Eso me mostró que, si bien los problemas estarán siempre en la vida, hay que aprender a superarlos y darse cuenta de que tú nunca estás solo.

¿Qué te motivó a ser una innovadora?

Tengo diabetes mellitus y soy insulinodependiente, lo que significa que antes de tener la bomba de insulina que hoy está conectada 24 horas a mi cuerpo, me tenía que inyectar. La bomba me dio una mejor calidad de vida, y cuando a mis 12 años mis papás me la pasaron en las manos me dijeron que la cuidara, porque tenía un privilegio gigantesco de tenerla. Esa fue la primera vez que me pregunté qué significaba tener privilegios y me empecé a encontrar con la inequidad que existe en el país. Entonces me enojé.

¿Y qué hiciste?

Ahí llegó el primer click. Toda mi vida me habían hablado de innovación y para innovar solo hay tres pasos: identificar el problema, estudiarlo y pasar a la acción. Identifiqué primero que existía la bomba de insulina, pero el sistema no asegura que todas las personas accedan a ella; luego estudié cuáles son las comunidades más afectadas por la problemática y, para pasar a la acción, salí por primera vez a marchar.

En cuarentena, las reuniones de coordinación del movimiento Tremendas se trasladaron al ambiente virtual.

¿Cómo te empezaste a vincular con otras jóvenes?

Me di cuenta de que emprender era complicado y siendo joven y mujer era aun más difícil. Empecé a encontrarme con niñas de mi edad que me contaban sus ideas. Por ejemplo, en el Festival Internacional de Innovación Social (FiiS) nos juntábamos a conversar sobre cómo se podía llegar a un futuro sostenible y cambiar el mundo. Todas llegaban con sueños, pero a algunas les habían dicho que la robótica no era para mujeres o que el teatro era solo un hobby. Eso me hizo reaccionar, había que pasar a la acción.

¿Qué busca Tremendas en su trabajo con niñas, adolescentes y jóvenes?

Buscamos darle un espacio para que puedan crear y contar lo que quieren hacer; también las acompañamos. porque hay muchas chicas que se sienten solas y no tienen una red de contactos, ni de apoyo, y la idea es que creemos en comunidad. Finalmente, las potenciamos, porque Tremendas busca ser una incubadora social para que sus ideas pasen a la acción y se transformen en realidad.

¿Cómo ves tu futuro y el de Tremendas?

En algún momento me va a tocar a mí ser la adulta responsable y las problemáticas se van a seguir repitiendo. Me gustaría trabajar en Naciones Unidas, en temas relacionados con derechos de la mujer, porque me gustaría poder hablar con los grandes líderes, con quienes se sientan en una mesa a tomar las decisiones del mundo. Pienso en las próximas generaciones y quiero prometer a esas niñas que podrán nacer libres, que podrán ser felices y que podrán atreverse a ser únicas, sin miedo.

A la líder de Tremendas le gusta la lectura y escribir microcuentos y canciones.