Ella se encarga de la administración y él trabaja detrás del mesón todos los días. Angélica y Marcelo son matrimonio y una dupla entusiasta de almaceneros, que gracias a Prospera de Coca-Cola Chile está apostando por modernizar y hacer crecer su negocio familiar en Renca. Prueba de eso es que ya comenzaron a ofrecer delivery a los vecinos que más lo necesitan.

Angélica Quijada es contadora y Marcelo Arenas es profesor. Hace 18 años, este matrimonio de Renca decidió complementar sus respectivas profesiones con un emprendimiento familiar: instalaron un almacén en uno de los dormitorios de su casa. Ellos mismos refaccionaron el local y con el tiempo se fueron dando cuenta de que podían poner sus estudios superiores al servicio del negocio: ella la contabilidad para llevar las cuentas; él, la docencia para planificar.

“Mi trabajo de profesor me enseñó a planificar la vida y el trabajo, porque nada se puede hacer si no se planifica; y acá en el negocio tampoco se puede improvisar”, comenta Marcelo, que hace dos años dejó el colegio donde trabajaba para dedicarse full time al local. “Acá no lo veo como mi marido, ambos somos trabajadores del negocio”, agrega Angélica y remarca que hay que aprender a separa las cosas.

Hace unos meses, el vendedor de Coca-Cola Andina que atiende su sector les propuso ser parte del programa Prospera y ellos no lo pensaron dos veces. “Lo tomamos porque es una ayuda. Yo sigo los cursos, son interactivos y te ayudan a ver qué estás haciendo mal o bien. Con Prospera me di cuenta, por ejemplo, de que tengo que llevar un orden administrativo”, cuenta Angélica, encargada de cursar las clases desde su celular.

Prospera es una lluvia de ideas nuevas y enseñanzas que ya estamos incorporando en el trabajo, es como un tesoro”, agrega su marido sobre la iniciativa del Sistema Coca-Cola que busca que los negocios de barrio puedan dar un giro positivo integral, a través de un completo plan de desarrollo y fortalecimiento. El primer piloto del programa se inició con 50 almaceneros de Renca, Maipú y Valdivia, grupo en que participan los Arenas Quijada.

Angélica recibe un pedido por celular, mientras Marcelo va ordenando la mercadería en una bandeja

Delivery para llegar a los vecinos

Uno de los cambios que impuso la pandemia en el negocio de Angélica y Marcelo es el servicio de delivery, que empezaron a ofrecer por teléfono. “La misma gente generó la necesidad y así empezamos a llevar los pedidos a la casa de quienes estaban enfermos. Si bien no es masivo, ya lo estamos implementando con otras personas”, explica Marcelo.

Todo parte cuando toman nota del pedido y arman la bandeja con pan, frutas, bebidas y otros abarrotes. Los repartos en auto o a pie los hacen ellos mismos, porque por el momento las cuentas no dan para contratar personal. Y la idea es comenzar a integrar más tecnología, como lo explica Angélica: “En los talleres del Banco Estado nos están enseñando a usar las redes sociales, como Whatsapp e Instagram”.

Lo positivo, señala Marcelo, es que los pedidos que se hacen por delivery son, en general, ventas un poco más altas: “Porque no me van a llamar para que solo lleve un poco de pancito, son pedidos como el que haría una persona en un supermercado, ventas buenas para nosotros”.

Marcelo Arenas entrega el pedido en la puerta de una de sus clientas.