La Fiesta a la Virgen de La Tirana es uno de los patrimonios intangibles más importantes de la religiosidad nacional. El pequeño pueblo del norte revive cada julio y sus comerciantes deben abastecerse para atender a las cerca de 300.000 personas que llegan a pagar sus “mandas” y a presenciar las coloridas diabladas callejeras.

Debe ser unas de las esquinas más emblemáticas del pueblo de La Tirana, en el seco norte de Chile. Con la explanada de la plaza como antejardín y justo al frente del Santuario de Nuestra Señora del Carmen, la almacenera Virginia Mamani se asoma por las puertas de su negocio para ver pasar las diabladas que entre percusiones andinas, máscaras y trajes brillantes revolucionan la ciudad cada 16 de julio.

Habitantes nortinos como Virginia llevan en sus venas la fiesta de La Tirana, una celebración que resume toda la religiosidad sincrética de ese territorio, donde además de honrar a la Pachamama andina con cofradías de danza, la multitud eleva alabanzas a la católica “Patrona de Chile”. A la concurrida festividad no sólo vienen chilenos, sino también fieles de Bolivia y Perú, todos a pagar las "mandas" hechas a la virgen durante el año.

La pequeña localidad ubicada en la comuna de Pozo Almonte tiene menos de mil habitantes durante el año, pero cuando termina el mes de junio ese panorama comienza a cambiar drásticamente por la masa de población flotante que llega, entre fieles, turistas y comerciantes. “Es una de las fiestas religiosas más grandes de Chile y convoca aproximadamente a 300.000 personas. La Tirana es un pueblo que revive durante el mes de julio”, explica Marco Reyes, Jefe Desarrollador de Mercado de la Sucursal Iquique de Coca-Cola Embonor.

Marco es el encargado de abastecer de bebidas de la compañía al negocio de la señora Virginia Mamani. “Su minimarket se llama El Progreso y en él trabaja con una de sus hijas. Es una de nuestras clientas emblemáticas de Coca-Cola, porque lleva más de 40 años trabajando en el pueblo”, explica.

Como ella, son cerca de 15 los comerciantes establecidos en el pueblo de La Tirana que atiende Embonor, pero en esta fecha se multiplican exponencialmente. “Por estos días deben ser unos tres mil los comerciantes. Nosotros tenemos cerca de 500 clientes que atendemos directa e indirectamente, porque hay algunos que vienen de ciudades como Arica, Iquique, Calama o Antofagasta y que se instalan con negocios en la fiesta”, precisa.

En términos logísticos, el sistema de distribución especial de Coca-Cola para La Tirana opera con tres camiones de ruta y dos vendedores que reparten en camioneta dentro del pueblo, de manera de hacer coberturas de manera más eficiente. Los repartidores ya conocen sus rutas y tienen horarios definidos, cuando recién está asomando el sol, para que las entregas sean ordenadas entre tanta gente circulando por el pueblo.

“En 2017 entregamos entre 15 y 16 mil cajas unitarias de productos, este año esperamos superar las 20 mil durante todo julio. Lo que más se vende son productos oneway (desechables), bebidas de 3 litros o litro y medio, además del bidón de Agua Benedictino”, comenta Marcos Reyes.

Una vez abastecido el pueblo, los comerciantes de La Tirana pudieron darse un tiempo también para el recogimiento religioso y saludar a la “Chinita del Carmen” en su colorida procesión. Porque justo a la medianoche de “la víspera”, a las cero horas del 16 de julio, rompieron en el cielo los fuegos artificiales para anunciar la nueva fiesta, una de las más patrimoniales de nuestro país.