Chimamanda Ngozi Adichie, uno de los iconos del feminismo mundial, vive entre su Nigeria natal y Estados Unidos, pero viaja por distintas ciudades ofreciendo charlas TED. En Chile tiene muchas seguidoras que se juntaron a escucharla con atención durante la apertura del Congreso Futuro 2020, evento científico auspiciado por varias empresas, entre ellas Coca-Cola

La fila es larga en el frontis del Teatro Oriente. Es un soleado lunes de enero, pero el calor no impide que decenas de personas, principalmente jóvenes mujeres, esperen entrar a la charla TED que ofrece esa mañana en Santiago la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, referente mundial del feminismo que inaugura el Congreso Futuro 2020.

Minutos después de las once, platea y galería están repletas y suena una voz en off que anuncia que llegó la hora. Después de unos segundos de silencio, aparece sin prisa una mujer de mirada tímida, pero con una frondosa melena afro y un colorido traje en tonos ocre y naranja. “Buenos días, estoy muy feliz de estar aquí en Santiago”, dice con voz profunda, antes de empezar a contar su historia.

Creció en Nsukka, un pequeño pueblo “de colinas verdes y muchos árboles de mangos” ubicado al sudeste de Nigeria, en el seno de una familia de padre profesor y madre administradora en una universidad. Cuenta que fue lectora y escritora temprana: a los cuatro años ya leía libros británicos y norteamericanos; y a los seis, escribía distintas historias con ilustraciones. Eran, eso sí, historias donde todos eran blancos y de ojos azules.

“Como no me había visto reflejada en los libros, no sabía que las niñas como yo, con piel color chocolate y este pelo, también podían existir en la literatura. Pero las cosas cambiaron cuando descubrí los libros africanos. Ahí empecé a escribir historias de personas que se parecían a mí, que comían mangos en vez de manzanas”, reconoce Chimamanda. 

Le iba bien en el colegio y su familia tenía expectativas de que estudiara medicina, pero ella siempre renegó de seguir esa profesión: “Yo sólo quería escribir y leer historias, así que me fui a Estados Unidos”. Ahí se inscribió en la carrera de Comunicación y Ciencias Políticas, y aprendió a enfrentar las preguntas de sus curiosos compañeros de facultad, que querían saber más de África.

“Ellos esperaban que yo les contara sobre la pobreza, porque para ellos ser africano significaba ser pobre. Efectivamente la historia de la pobreza en África debe ser contada, pero no es mi historia y no es la única historia. Y cuando se tiene una única historia de una persona o un lugar, se hace imposible entender completamente a ese lugar o esa persona”, aclara la novelista y dramaturga.

Chimamanda Ngozi Adichie publicó a los 27 años su primera novela. Y con los años se transformó en una intelectual prolífica, premiada incluso con el National Book Critics Circle Award. Los libros y las charlas alrededor del mundo se volvieron medios de gran impacto para expresar sus ideas. “Pienso que la literatura es como mi religión”, reconoce desde el escenario en Santiago.

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“Fui feminista mucho antes de conocer lo que significaba ese término tan importante, sólo observando que en el mundo a las mujeres no se les daba la misma dignidad que a los hombres, tampoco los mismos valores”, advierte Chimamanda desde el escenario, mientras el público la escucha en un silencio solemne.

Según la escritora, hoy vivimos en un mundo donde no solo los hombres, sino las mujeres también son misóginas, de ahí la importancia que tiene la educación sin sesgos. De eso habla, por ejemplo, el más famoso de sus libros, “Todos deberíamos ser feministas”, un texto ideal para padres que están educando a hijas e hijos.

La nigeriana usa la tribuna para contar la historia de un amigo suyo que decidió regalarle a todas sus amigas mujeres el libro con las memorias de Michele Obama, ex primera dama de los Estados Unidos. “¿Y por qué solo a sus amigas mujeres?, le pregunté. ¿Por qué no a sus amigos hombres? Y él se vio un poco sorprendido. Para este amigo mío, que es un hombre bueno y amable, las historias de mujeres pertenecen a otro universo”, sostiene.

“Sabemos estadísticamente que los hombres leen a hombres y las mujeres leen a hombres y mujeres, por eso creo que si más hombres leyeran historias de mujeres, la comunicación sería mejor entre todos”, dice Chimamanda Ngozi Adichie, al finalizar su charla TED en Santiago de Chile. Un aplauso cálido y fuerte coronó esa mañana en el Teatro Oriente.