En las 68 villas de Bajos de Mena los vecinos están habituados a organizarse cuando surge una crisis: lo hicieron para el terremoto de 2010 y no dudaron en volver a unirse para hacer frente a la pandemia de Covid-19. Con el apoyo de Coca-Cola Chile y Coca-Cola Andina, la comunidad trabaja para reactivar la economía del barrio a través de los almacenes de toda la vida. 

Bernardita Herrera y Luz Muñoz estaban anotadas en una lista del almacén principal de la cuadra. Alejandro, dueño del negocio donde siempre han comprado, les explicó que tenían derecho a pedir la mercadería que quisieran y eso se iría descontando del monto con que fueron beneficiadas. No lo podían creer. Sintieron un gran alivio porque los días de la pandemia habían sido duros para ellas, sus familias y sus vecinos de la Villa Mamiña Dos.

Pero ellas no fueron las únicas: son 300 las familias de toda la zona de Bajos de Mena, en Puente Alto, que recibieron un aporte  para abastecer las necesidades de sus hogares. Y lo más importante: el beneficio se pensó para que la compra se hiciera al almacenero de siempre, ese vecino emprendedor que los conoce y que, incluso, cuando falta, les permite comprar “fiado”.

“La ayuda nos cayó del cielo, nos sirvió de mucho porque estábamos sin ninguna entrada. Gracias a esta ayuda no nos ha faltado nada, hemos tenido todos los días para hacer un buen almuerzo, y para que los niños tengan su leche y cereales”, confiesa Luz, quien junto a su marido quedaron cesantes cuando la pandemia obligó al cierre de las ferias libres.

Bernardita, por su parte, canjeó azúcar, arroz, aceite, fideos, carne y pollo, entre otras cosas. “Cuando me llamaron me emocioné, porque para mí fue una ayuda muy grande, nunca pensé que iba a ser tanto. Compré para harto tiempo, pero no gasté toda la platita, dejé algo adentro por si me falta mañana”, explica la mujer que vive con su esposo y tres hijos.

“Las familias a las que llegó este aporte son las que estaban hace más tiempo sin trabajo, las que tenían más niños o la gente que no estaba pudiendo acceder a los beneficios del Estado”, detalla Marcela Robles, Directora de Operaciones de la Fundación Proyecto Propio y miembro de Canasta Local, programa que junto a la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) gestionó los aportes en terreno. 

Además del apoyo para que las familias canjearan alimentos en almacenes, Coca-Cola Chile entregó recursos para abastecer las cocinas de 12 ollas comunes gestionadas por organizaciones vecinales de Bajos de Mena, un esfuerzo comunitario que provee al día más de 5 mil almuerzos, en una zona donde viven 144 mil personas.

El almacén de Alejandro, en Bajos de Mena, fue uno de los 23 locales donde los vecinos pudieron canjear la ayuda económica de Coca-Cola Chile por productos de primera necesidad. 

Confianza en los almacenes

La iniciativa en Bajos de Mena es una de las acciones que Coca-Cola Chile impulsa en el marco de su plataforma regional llamada “Juntos Salimos Adelante”. Esta campaña apoya a dueños y dueñas de negocios de barrio y entrega herramientas para que puedan superar la adversidad en tiempos de crisis.

“Qué bueno que Coca-Cola confió en nosotros los almaceneros, porque perfectamente pudo haber entregado este beneficio por otros mecanismos. Y aunque somos pequeños, la unión hace la fuerza y unidos podemos ser más grandes”, dice Alejandro Moraga, dueño del almacén vecino de Luz y Bernardita y uno de los 23 locales que participaron en el proyecto.

El Centro de Distribución de Coca-Cola Andina en Puente Alto es vecino del sector de Bajos de Mena, por lo que uno de sus equipos participó activamente en la conformación de la red de locales que proveyeron la mercadería a las familias. “En tiempos difíciles, el almacén siempre ha estado cerca, permitiendo a la comunidad desarrollarse de una mejor manera”, precisa José Ignacio Miranda, Subgerente Comercial y de Logística del Centro de Distribución.

“Lo que hicimos fue apoyar la organización que ya existe en el barrio, esa que cada vez que hay una emergencia se levanta para ayudar sin que nadie la llame; que son los mismos vecinos que se organizaron para el terremoto, esa organización local que hay que cuidar y respetar, porque la emergencia no va a terminar acá”, finaliza Marcela Robles, de Canasta Local.