El Centro de Acogida Residencial para personas con discapacidad mental de Estación Central es una de las cerca de 100 residencias del Hogar de Cristo que están cumpliendo una cuarentena voluntaria, para evitar los contagios de Covid-19.

A Mauricio lo llaman “el niño símbolo de las entrevistas”, porque le encanta ofrecerse para hablar cuando llegan los medios de comunicación al Centro de Acogida Residencial (CAR) del Hogar de Cristo en Estación Central, donde viven 30 personas con distintas discapacidades mentales. 

Pese a su discapacidad cognitiva, Mauricio es una persona autónoma, pero su red de apoyo no es suficiente para que viva solo. “Hasta antes del coronavirus, él participaba en talleres del centro diurno para personas con discapacidad y tiene una polola que vive en otro hogar protegido”, cuenta María José Millán, asistente social a cargo del centro.

Según la Encuesta Casen de 2017, en Chile hay casi 391.000 personas que presentan alguna discapacidad mental; la Fundación Hogar de Cristo atiende a más de 2.300 a lo largo del país, mediante 49 programas distintos. Se trata de personas, según considera María José, que “presentan una vulnerabilidad multidimensional y cuya red de apoyo familiar en algunos casos es inexistente, entonces acá intentamos suplir todo lo que sus familias o la sociedad no les pueden dar”.

El Director Ejecutivo de la Fundación, Juan Cristóbal Romero, agrega que esta es una residencia especializada y de las pocas en su tipo que existen en Chile, porque presta un servicio permanente hacia personas que además están en situación de pobreza, que acostumbran a vivir en la calle. “Hoy ellos requieren una atención 24/7, porque no pueden estar sin apoyo. Acá lo que se busca es la autonomía, que ellos puedan desarrollar habilidades para la vida práctica, fortalecer vínculos con algún familiar y ojalá insertarse en el mundo laboral”, explica.

Hogar en cuarentena

De las 35.000 personas que acoge el Hogar de Cristo, 4.500 están cumpliendo una cuarentena voluntaria. En las residencias con confinamiento, la rutina ha cambiado radicalmente por las estrictas disposiciones sanitarias que deben cumplir. 

“Este cambio ha sido bien radical, porque implica que no tengan ningún contacto con el exterior. Antes de la pandemia, las personas salían a comprar tres veces a la semana a los negocios cercanos o a la feria, y para suplir eso implementamos un kiosco adentro, donde nos hacen sus pedidos y una vez a la semana se los entregamos”, explica María José. La asistente social cuenta además que crearon un cronograma diario de actividades para que los usuarios con discapacidad puedan enfrentar la ansiedad propia del encierro, con reuniones en las que refuerzan la importancia de la barrera sanitaria con el exterior. “Hacemos asambleas todos los días, para disminuir esa ansiedad y esa preocupación que generan en ellos las noticias del Coronavirus”, sostiene la profesional.

Para cumplir con las nuevas necesidades que impone el contexto de pandemia, la Fundación Hogar de Cristo debió incrementar en 2.700 millones de pesos su presupuesto anual. En ese escenario, las donaciones de empresas privadas, como Coca-Cola Chile, han resultado cruciales para mantener las medidas de protección.

Así, Mauricio puede sentirse protegido en cuarentena, a la espera de volver a encontrarse con su pareja cuando pueda salir de nuevo.