Las artesanías mexicanas llevan consigo el sello de un país, transmitido por artesanos auténticos y originales, inspirados en la esencia de los pueblos indígenas y manteniéndose fieles a sus costumbres y tradiciones.

Los antiguos mexicanos consideraban a los artesanos como un sector privilegiado de la sociedad y se recurría a ellos para elaborar objetos y atuendos de la vida ceremonial y cotidiana. En la época del Virreinato, la producción artesanal se acrecentó, gracias a las nuevas materias primas que llegaron al nuevo continente y a la influencia de los españoles en el territorio.

Actualmente el trabajo artesanal funciona como fuente de ingresos principalmente en áreas rurales y se consideran una parte muy importante de la cultura, ya que permite reflejar el país, exaltando formas, texturas y patrones tradicionales. Y detrás de cada pequeña obra de arte, existe una historia, una familia y, en la mayor parte de las ocasiones, una mujer luchadora.

Y precisamente fue un grupo de esas mujeres las que decidió ir más allá y trabajar por mostrar sus productos más allá de las fronteras de su país. Un arduo trabajo de siete años tuvo un auspicioso final: su calidad ha llevado artículos de Fundaciones como Mitz y Saber para la vida a vitrinas y estantes de tiendas en Nueva York y Los Ángeles.

Esto se logró gracias a la integración de estas mujeres al programa 5by20, impulsado por Coca-Cola a nivel global, e implementado ese ese país de la mano de diferentes organizaciones para fomentar el desarrollo de las artesanas de México. Hasta hoy se ha logrado empoderar a más de 94 mil mujeres con cursos y tutorías en diversas materias

“Invertir en el empoderamiento económico de las mujeres contribuye directamente a cerrar la brecha de la desigualdad, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico inclusivo”, explica Luiza Carvalho, Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe.