Eulogia Quispe cocina el almuerzo para los comuneros que llegan de trabajar en el rescate de las vegas andinas en la zona de Huaitane, un poblado a 4.000 metros de altura en la Región de Tarapacá.

Pero hacer la comida para los comuneros, entre ellos su esposo y tres de sus hijos, no es su única tarea. Acto seguido, toma las herramientas y con los pies en el barro se incorpora al trabajo que apunta a recuperar las fuentes de agua para las próximas generaciones. Para eso, trabajan en la canalización, limpian las vertientes, retiran la vegetación muerta y construyen los diques.

Eulogia fue de las primeras habitantes que vislumbró la importancia del Proyecto Alto Tarapacá para su comunidad, con el que Coca-Cola, Fundación Avina y la Corporación Norte Grande se propusieron recuperar 200 hectáreas de bofedales en zonas de escasez hídrica.

“Doña Eulogia ha sido un gran soporte, con ella hemos tenido un gran aprendizaje y hasta hoy sigue apoyándonos cuando llevamos voluntarios para trabajar en el territorio”, explica Diego Araníbar, encargado de la iniciativa para la Corporación Norte Grande.

En su cuarta temporada, el trabajo que empezó en 2013 superó la meta que se había propuesto y ya van 230 hectáreas recuperadas. Con ello se benefició de manera directa a 38 familias indígenas de las zonas de Laguna del Huasco, Cancosa y Copaquire, en la comuna de Pica; al igual que de los poblados de Villablanca, Huaitane, Ancovinto, Pisiga Choque, Turuna y Enquelga, en la comuna de Colchane. Además, estos trabajos  beneficiaron indirectamente a otras 1.640 personas de las nueve comunidades aymaras comprometidas.

La mayor disponibilidad de agua en las hectáreas intervenidas también impactó en la producción de forraje más nutritivo para 4.800 cabezas de ganado, de las cuales “un 63% son llamas, 14% son alpacas y 23% son corderos”, explica Diego, quien también acota que para el manejo ganadero aymara, los bofedales son el principal aporte forrajero.

Otro aporte relevante para las comunidades fueron los talleres dirigidos a jóvenes voluntarios, donde comuneros más experimentados en el rescate de las fuentes de agua de las vegas transmiten sus conocimientos sobre las técnicas ancestrales utilizadas.

“Las localidades se han ido despoblando y quienes viven en los territorios son gente mayor. Las técnicas no se han perdido y nosotros estamos trabajando para que eso tampoco ocurra, y así la información tradicional y vivencial del territorio esté documentada”, comenta el ingeniero de la ONG.

Diego Aranibar de la Corporación Norte Grande.

Antiguamente, los dirigentes indígenas aymaras trabajaban pensando en beneficiar a las siguientes diez generaciones y Diego cree que ese espíritu sigue vigente en el Proyecto Alto Tarapacá. “Una forma de transmitir el cariño es compartir el conocimiento. Ellos se sienten valorados, porque su conocimiento tiene un sentido hacia el territorio”, confiesa.

“Esta ha sido una de las grandes apuestas que ha hecho Coca-Cola”, reconoce el encargado de la Corporación Norte Grande, “porque estamos generando un piloto para Chile y toda la zona alto andina de Latinoamérica”.