El almacén de Alejandro Moraga en Bajos de Mena es un emprendimiento familiar: se lo heredaron sus padres y ahora él lo atiende junto a su pareja y su hija. Pero el local es mucho más que su sustento diario; es todo un proyecto de vida que busca proveer a sus vecinos de lo necesario a precios justos y apoyarlos en momentos duros. Para apoyar a pequeños comercios como este, Fundación Coca-Cola trabaja junto a toda la comunidad.

“El almacén se lleva en la sangre”, dice Alejandro Moraga, y se le nota. Este hijo de almaceneros que nació en Bajos de Mena, Puente Alto, se mueve como pez en el agua dentro de su local. Mientras termina de abrir el negocio, aprovecha a ordenar la mercadería y ya comienza a atender a los primeros clientes de la jornada.

“Este negocio es familiar y lo empezaron mis papás hace 15 años, es algo que heredé y desde chico estoy metido en esto. Para ser almacenero hay que hacer hartos sacrificios y ser ordenado con las cuentas, pero después uno va queriendo el oficio”, dice Alejandro, que hoy comparte el mostrador con su pareja, su hija y su cuñada.

La pandemia trajo nuevos desafíos para los pequeños negocios como el de Alejandro, que tuvieron que tomar medidas para cuidarse y cuidar a sus clientes: instalaron una placa de acrílico como barrera de seguridad y colocaron un letrero que advierte que es necesario el uso de mascarilla para entrar al local. Seguir de puertas abiertas no solo significó continuar trabajando sino también estar allí para el barrio y los vecinos.

Alejandro considera que es “deber de un almacenero” ayudar a sus vecinos. Por eso, siempre está atento a las necesidades de quienes han sido sus clientes durante años y no duda cuando le toca donar mercadería al que lo necesita. “El almacén tiene que proveer de todo a los vecinos y a buen precio; estamos en contacto directo con sus problemas y si a uno le va bien, puede ayudarlos. Si en tiempos de pandemia un vecino me dice que necesita un kilo de pan, no se lo puedo negar, porque él es la persona que siempre me ha comprado y en algún momento esto va a pasar, entonces el vecino volverá a comprar porque está agradecido de mí”, reflexiona.

Alejandro dice que con los años aprendió a querer su oficio de almacenero

Cadena de solidaridad

El local de Alejandro fue uno de los 23 almacenes de Bajos de Mena elegidos para formar parte del plan de ayuda de Coca-Cola Chile, por el que 300 familias de la zona pudieron adquirir productos de primera necesidad en los negocios de barrio. Con ello, se contribuyó a que los recursos quedaran en la comunidad, reactivando la economía de familias y del comercio local.

“Por mis vecinos, todo. Bajos de Mena es mi vida, yo nací acá, conozco el barrio al revés y al derecho, y no quiero irme, sino estar siempre con el barrio para ser un aporte”, dice Alejandro.

En Chile, más de 120.000 socios almaceneros trabajan en conjunto con el Sistema Coca-Cola, en su mayoría almacenes que representan para sus dueños el principal ingreso familiar. Ellos forman parte de la extensa cadena de valor de la Compañía, que emplea a cerca de 40.000 personas de manera directa e indirecta, entre productores, choferes, operarios, reponedores y almaceneros. Y en tiempos de pandemia, el objetivo de la empresa ha sido acompañar a estos emprendedores, haciéndoles sentir que Juntos salimos adelante.

Alejandro Moraga cree que su deber como almacenero es siempre ayudar a sus vecinos