Son casi las dos de la tarde y todavía queda carbonada en el fondo de aluminio que la mantiene a temperatura óptima. Los últimos vecinos de la Villa El Pangue llegan con sus recipientes a buscar el almuerzo a una de las 30 ollas comunes que funcionan en la zona de Bajos de Mena, en Puente Alto. En tiempos de pandemia, la alimentación diaria de más de 5.000 personas depende de esas cocinas solidarias y de sus voluntarias.

La historia de la olla común de la Villa El Pangue, en Puente Alto, partió con un solo saco de harina y muchas voluntades. En medio de la pandemia, un grupo de vecinas solidarias se propuso transformar ese quintal en pan para la gente más necesitada del barrio. Había muchas ganas y materia prima, pero todavía faltaba algo importante: el horno.

La solución llegó el 13 de junio, cuando la junta de vecinos de la población les abrió la puerta, facilitándoles el horno con el que pudo arrancar finalmente la cruzada comunitaria. Con el paso de los días, el entusiasmo creció y se multiplicaron las donaciones. “A los tres días ya empezábamos con la olla común y le dimos de comer a 40 personas, luego a 50, a 80, y así llegamos a las 180 raciones diarias”, explica Isabel Bravo, una de las diez cocineras voluntarias del equipo.

La cocina funciona de lunes a sábado y, para el primer turno, el día de trabajo en la sede comienza a las nueve de la mañana. “Llegamos a poner la tetera, los fondos y a picar las verduras para el almuerzo del día”, relata Isabel. Luego, a las 12:30 se incorpora el segundo grupo de voluntarias, encargadas de amasar el pan que se entregará a los vecinos a la hora de once.

Para entregar los 180 almuerzos diarios de manera ordenada, las organizadoras de la olla definieron un horario para los beneficiarios, que va entre 13 y 14 horas. “Por whatsapp le entregamos a los vecinos el menú del día y les avisamos que traigan su olla y fuentes para los agregados. El menú de hoy fue una carbonada, más ensalada de lechuga, repollo y zanahoria, además del postre”, detalla la vocera de las cocineras.

Desde marzo, los vecinos organizados de Bajos de Mena han echado a andar un total de 30 ollas comunes, como estrategia solidaria para enfrentar las necesidades surgidas por la crisis del Covid-19. Decenas de particulares y empresas donan la mercadería que abastece a cada una de las cocinas comunitarias, de donde salen 5.200 raciones diarias de almuerzo.

“Hacemos hartas cosas ricas porque tenemos mucha gente detrás de nosotros; los vecinos están agradecidos porque ponemos todo nuestro cariño para cocinar y así entregar una comida digna, con ensalada y postre”, agrega Isabel Bravo, mientras levanta la tapa del fondo donde humea la carbonada caliente y olorosa.

La carbonada, uno de los platos que cocinan con dedicación las voluntarias de la olla común de la Villa El Pangue.

El respaldo de Coca-Cola

Coca-Cola Chile es una de las empresas que quiso hacerse parte de estas iniciativas comunitarias de alimentación en Bajos de Mena. Por eso, a través de un plan de ayuda que busca potenciar la economía local, la Compañía apoya a 12 ollas comunes con alimentos que son adquiridos en los mismos almacenes de barrio del sector.

Además, se entregaron cajas de alimentos a 300 familias de la zona, también canjeables en los almacenes cercanos. La acción se enmarca en la iniciativa Juntos salimos adelante que la Compañía lanzó para impulsar la reactivación de los negocios de barrio. La ayuda ha sido gestionada por la Asociación de Emprendedores de Chile, Asech, y coordinada en terreno por el programa Canasta Local.

“La olla común es el pilar que sostiene estos barrios; en Bajos de Mena han jugado un rol muy importante en la historia y hoy día, más que nunca, tenemos a mujeres que todos los días se levantan con la misión de alimentar a sus vecinos”, finaliza Marcela Robles, Directora de Operaciones de la Fundación Proyecto Propio y miembro de Canasta Local.

Las cocineras preparan el pan amasado que se entrega a la hora de once