Son cientos alrededor del mundo. Algunos más profesionales, otros con colecciones mucho más valiosas y algunos definitivamente fanáticos, pero a todos los une la misma pasión: Coca-Cola y junto a ella su color rojo, la botella contour, la legendaria onda dinámica y todos los objetos que puedan existir a su alrededor.

Coleccionistas de todo el país y varios invitados internacionales se dieron cita en la Primera Convención de Coleccionistas de Coca-Cola, que se realizó el 1° de abril en la casa Central de la Universidad Uniacc.

Bajo la atenta mirada de Richi Meza, Vicepresidente del Club de Coleccionistas de Coca-Cola Chile, los 37 expositores –todos miembros de la asociación- instalaron en sus mesas botellas, tapitas, pins, vasos y juguetes de la bebida. Banderas chilenas se mezclaban con argentinas, uruguayas y españolas. Todos compartían animosamente, se intercambiaban objetos y reían de buena gana. Varios coleccionistas se encuentran frecuentemente en convenciones en distintos países del mundo y estas salidas son verdaderas vacaciones con amigos para muchos de ellos.

Con un promedio de 150 objetos por expositor, la muestra sumaba unas diez mil piezas. Detrás de cada mesa, cada uno guardaba cajas y maletas con más productos. ¿El objetivo? Principalmente el intercambio. Porque ese es uno de los objetivos de este tipo de encuentros. Muchos expositores adquieren varias unidades de un mismo tipo, para tener “stock” e intercambiar con otros coleccionistas.

Los asistentes recibían de regalo una botella diseñada especialmente por la Compañía y cuya etiqueta celebraba este encuentro, y los expositores podían optar además a un remate de piezas raras, entre ellas, una de las 10 unidades de colección que se realizaron para conmemorar este encuentro. Además de la subasta, era posible encontrar botellas con etiquetas en varios idiomas y algunas piezas históricas, como la que se diseñó en Inglaterra para el matrimonio del príncipe Carlos con Lady Di.

Pero sin duda la joya del encuentro era de otro planeta. Resguardada en una caja transparente y con un guardia de punto fijo, la Space Can era la estrella de la jornada. Conocida como “la primera lata de Coca-Cola en llegar al espacio”, se trata de un diseño realizado para poder tomar bebida en condiciones de gravedad cero, es decir, para poder abrir la lata en una nave espacial y que el líquido no salga disparado. Las primeras ideas acerca de este envase surgieron en 1985 y fueron testeados por los astronautas del transbordador espacial Challenger. Pero después de la trágica explosión de esta nave, ocurrida en enero de 1986, la lata no volvió a embarcarse hasta agosto de 1991, cuando fue probada con éxito a bordo de la estación espacial Mir. Su funcionamiento fue ratificado en 1995, cuando formó parte de la tripulación del transbordador Discovery.

Varias historias, una pasión

Entre osos polares, viejos pascueros y cajas de botella era posible rescatar grandes historias. Sin duda, la más llamativa era del español Frederic Garriga, el más importante coleccionista presente en esta muestra y el mismísimo dueño de la Space Can.

Lleva 25 años coleccionando artículos de Coca-Cola y comenzó, como casi todos, de manera casual. “Para las olimpiadas de Barcelona ’92 empecé a coleccionar pins conmemorativos y de a poco me fui metiendo en el tema”, explica. Hoy posee una colección de más de 5.000 botellas de vidrio y muchos objetos que utiliza como moneda de cambio.

“Existen distintos clubes en varios países y gracias a las redes nos hemos ido unificando. Cada vez que viajas a una feria encuentras algo nuevo y existe una alta rotación de productos. Si yo compro diez cosas, seguramente obtengo diez nuevas a cambio”, agrega.

Sólo dos semanas antes de esta encuentro Frederic estaba en China haciendo lo mismo. Y es que él vive y vibra con cada posibilidad de conseguir nuevas piezas. “Mi colección privada no la toco ni se mueve… Sólo esta vez me convencieron de viajar con la Space Can, que compré en una subasta en Atlanta hace 22 años y es uno de mis grandes tesoros”, asegura.

Frederic Garriga

A pocos metros del español, llama la atención el stand de un chileno. Sobre su mesa no hay botellas ni vasos, sino juguetes, sobre todo, autitos de distintos tamaños y modelos.

En 1973, Oscar Bahamondes recibió de su abuela un pequeño bus de dos pisos con el logo de Coca-Cola. Sin saberlo, ella había encendido en su nieto el bichito de la colección. Varios años después, como trabajador de un supermercado en Buin, le tocaba atender a los proveedores y desarrolló una muy buena relación con el vendedor de Coca-Cola, quien le hacía “regalitos”. De a poco los fue juntando, hasta que decidió salir por más.

“Recorro ferias, locales de antigüedades y le encargo a todas las personas que viajan que me ayude a encontrar cosas nuevas. Lo que más me interesan son los autos, que para mí son intocables, porque no los vendo ni los intercambio. Son solo para mí”, dice. Hoy Oscar tiene cerca de 3.000 piezas y sabe que sólo con los que valen sus pequeños autos, podría comprarse un modelo 0 kilómetro. Pero eso no le interesa.

Oscar Bahamondes

Javier Petrera es uno de los más animosos participantes de la convención. No sólo porque se nota que todos lo conocen, sino porque fue quien se adjudicó una de las botellas de edición limitada que se fabricó para conmemorar este evento.

El Presidente de los coleccionistas de Argentina se paseaba feliz por el lugar mostrando su “tesoro”, al mismo tiempo que contaba que ya lleva 33 años en esta actividad y que le interesa todo lo que tenga que ver con Coca-Cola: ropa, papelería, relojes, servilletas, botellas y un largo etcétera. Su fanatismo ha llegado a tal punto que en Buenos Aires tiene un departamento completamente ambientado para exhibir su colección, que incluye 16.000 objetos y hasta una mesa de comedor con la onda dinámica.

Dentro de sus logros destaca haber organizado en 2012 el Primer Encuentro Nacional de Coleccionistas en Argentina y, un año después, la primera Convención Internacional, en el mismo país. “Se trata de la marca más reconocida del mundo, la más llamativa y que trae consigo conceptos únicos de calidad. Es un honor seguirla y coleccionarla”, se enorgullece.

Javier Petrera

Estas son algunas fotografías expuestas durante el evento: