En la celebración del Día Mundial del Medioambiente la invitación, más que a una fiesta, es a una reflexión. El mundo avanza, las economías se desarrollan y el planeta sigue pagando los costos de un sistema que consume, desecha y contamina.

Coca-Cola comprendió hace bastante tiempo que sí no cuidamos nuestros recursos, será difícil seguir avanzando y que, si no se hace un compromiso real con la tierra y sus habitantes, el crecimiento será imposible si se confronta con sus devastadoras consecuencias.

En Coca-Cola Chile se han definido tres ejes de acción que se trabajan activamente para avanzar en un crecimiento y desarrollo sustentables.

AGUA

“Cada gota de agua utilizada debe devolverse al planeta”. Esta es la premisa que inspira a la Compañía de manera global y que se traduce en una ambiciosa meta: reponer el equivalente al 100% del agua que se utiliza en la elaboración de bebidas y procesos productivos al año 2020.

La meta, que ya está siendo superada en varias regiones del mundo, implica desafíos como mayor eficiencia en los procesos productivos, impulso a la reforestación y protección de cuencas hidrográficas.

En Chile, el tema del agua no es menor. Ubicados en el listado de los treinta países con mayor riesgo hídrico al 2025 según el World Resources Institute, actualmente el 72% dela superficie del país tiene algún grado de sequía, lo que implica perjuicios directos para la población en temas sanitarios y de economía local.

Por lo mismo, en los últimos nueve años Coca-Cola Chile ha reducido en un 15% el agua utilizada en sus procesos, mientras que el 100% de los efluentes de los procesos productivos es tratado y regresado de manera responsable a la naturaleza. Para lograrlo, se han impulsado proyectos emblemáticos en distintas zonas del país.

Uno de ellos se desarrolla en conjunto con la Fundación Avina en Alto Tarapacá y tiene como objetivo rescatar técnicas ancestrales de manejo de aguas y reducción de la erosión de los suelos, con el fin de mejorar la disponibilidad del recurso para las comunidades indígenas de la región.

Otro de los proyectos locales consiste en recuperación de 250 hectáreas degradadas del Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar y la creación del Parque de las Aguas, un espacio abierto a la comunidad y que promueva el contacto y protección de la naturaleza. Este es un trabajo a 20 años plazo y considera trabajos para evitar el escurrimiento de agua, permitir la infiltración de aguas lluvias y recuperar caudales, además de la reforestación con flora nativa, incluyendo 500 palmas chilenas.

Este espacio repondrá, en promedio, más de 300 millones de litros de agua al año. Si eso se suma a la iniciativa de Alto Tarapacá, este 2017 la Compañía recuperará el 80% del agua utilizada en la producción de bebidas en el país.

RECICLAJE

Los seres humanos consumimos un 25% por encima de la capacidad que tiene el planeta de recuperarse. Y eso no es todo; de los casi 17 millones de toneladas de desechos que se generan anualmente, sólo un 6% en reciclado.

Las cifras son alarmantes, pero en Coca-Cola Chile creen que aún estamos a tiempo de hacer cambios y generar conciencia. Y para conseguir ambos objetivos la base está en la educación e información.

Por lo mismo, en conjunto con el Ministerio del Medio Ambiente, Cultiva y TriCiclos, se comenzó a realizar charlas en colegios a través del Bus del Reciclaje y se fomentó la apertura de Puntos Limpios fijos y móviles a lo largo del país.

Convencidos de que el modelo de desarrollo debe cambiar de una base lineal (extraer, producir, consumir y descartar) a uno de economía circular, donde los productos están pensados, diseñados y producidos para entrar en los ciclos técnicos y biológicos que fomenten el reusar, reparar, compartir y, en el último caso, reciclar, la Compañía también ha puesto sus ojos en los recicladores urbanos. Estos, que sólo en América Latina suman cuatro millones, son aquellos que basan su sustento en la recolección, transporte, separación y venta de materiales reciclables como cartón, papel, vidrio, plástico y metal.

Su trabajo es fundamental para fortalecer el reciclaje inclusivo, algo esencial para transformar las ciudades y pasar de una economía productiva lineal a una circular.

RETORNABILIDAD

Una de las claves de la economía circular es la reutilización. Y en el caso de Coca-Cola este concepto tiene una clara estrella: los envases retornables.

Entendidos como aquellos envases que se recuperan y acondicionan para reutilizarlos con el mismo tipo de bebida, asegurando su inocuidad e integridad, estos se han convertido en un método fácil y rápido de ayudar al medio ambiente.

Además de tener altos niveles de reutilización y reciclabilidad, generan menos residuos y requieren menos recursos naturales en su fabricación, ya que las botellas retornables pueden ser reutilizadas un promedio de 12 veces, mientras que las de vidrio pueden alcanzar 20 usos.

Uno de los puntos a la hora de escoger envases retornables es su precio. Pero no es el único incentivo. Si bien los consumidores pueden recuperar algo de dinero al devolver los envases, el gran aporte que se busca es el impacto positivo que esta acción genera en el planeta. Si hablamos de equivalencias, por ejemplo, un estudio elaborado por el Dictuc, determinó alguna de ellas, que resultan muy llamativas a la hora de generar conciencia, como que reutilizar dos botellas retornables reduce la huella de carbono en el equivalente a tener 33 horas de una ampolleta de bajo consumo encendida, a 162 horas de carga del celular y a dos días de absorción de CO2 de un árbol.

Por lo mismo, Coca-Cola Chile ofrece más del 50% de sus productos con alternativas retornables. Y es que sus ventajas son fácilmente reconocibles:

-Si un envase retornable logra circular más de dos veces, el uso de recursos ya es mucho menor. Es decir, por cada gramo de plástico se envasan muchos más litros de bebida en comparación a una desechable, que se usa sólo una vez.

-Usar retornables evita la necesidad de un sistema de recuperación y concentración de materiales plásticos, pues incentiva a que los envases se concentren fácilmente en rutas optimizadas.

-Se potencia una cultura de consumo alineada con el cuidado del medio ambiente, en la cual los envases y embalajes son diseñados para circular y no para ser descartados.