Alberto Ortega, capitán de patrulla del Servicio Forestal de Estados Unidos, llora en medio de un cañón en el Bosque Nacional de Los Angeles. Sus lágrimas nacen de la imagen de un joven en silla de ruedas en medio de Big Tujunga Creek.

"Fue la primera vez que vi a alguien en una silla de ruedas, con barro, en ese arroyo. Fue asombroso ver a alguien que, con una discapacidad, disfrutaba del agua fría por primera vez", dijo.

Pero él no fue el único en conmoverse. El guardabosques Irvin Barragán también sonrió, con lágrimas en los ojos, mientras pensaba en la primera vez que trajo a su hija al bosque y contempló la majestuosidad de un águila calva que pasaba sobre ellos. Y Stephany Rojas, una mujer de 25 años, que también se emocionó al explicar su pasión por realizar actividades que permitan ayudar a educar sobre la belleza que existe en esta montaña.

El Servicio Forestal de Estados Unidos se reunió con representantes de Coca-Cola, la Fundación Nacional del Bosque (NFF), medios de comunicación locales y conservacionistas, en el bosque de más de 28 mil hectáreas para ver los frutos de una restauración que incluyó la eliminación de plantas invasivas y desperdicios, mantenimiento de senderos y tratamiento de reducción de combustible, y que fue financiado en gran parte por Coca-Cola y NFF.

Este tipo de inversión no es nueva para la Compañía, que en los últimos años ha invertido fondos en proyectos de restauración ambiental en todo el mundo, en un esfuerzo por ayudar a las comunidades en que opera. De hecho, el año pasado anunció que el volumen de agua reabastecido por los proyectos que financió en 2015 había superado oficialmente el volumen utilizado en la producción de sus bebidas.

En el bosque

"Coca-Cola se involucró en esto debido al agua. Por ejemplo, en Los Ángeles hemos financiado una gran cantidad de remoción de caña, con lo que estamos reponiendo casi medio billón de litros de agua al año”, explicó John Radtke, Director de Sustentabilidad Hídrica de la Compañía.

El Bosque Nacional de Ángeles provee más del 33% del agua potable a quienes viven en esa área, en una ciudad donde suelen enfrentarse complejos períodos de sequía y donde el agua sigue siendo un lujo, debido principalmente a problemas en las cuencas hidrográficas de las montañas de San Gabriel.

Uno de esos obstáculos es el arundo donax, una especie de planta no nativa que se ha apoderado del lecho de los arroyos desde el incendio del 2009, que quemó 400 kilómetros cuadrados de bosque. Esta especie es muy resistente y consume alrededor de cinco veces más agua que la vegetación nativa.

"Después del incendio, estas especies se mudaron y desplazaron a las especies nativas de California. Y se tomaron toda el agua. No sólo limitaron la capacidad de las especies de California para crecer, sino que también el del pasto para los animales, lo que afectó nuestra capacidad de proporcionar agua potable segura y limpia a los ciudadanos", señaló Rachel Smith, supervisora de bosques en este Parque Nacional.

Uno de los objetivos del Servicio Forestal ha sido eliminar la mayor cantidad de especies invasoras que sea posible. Desde 2013, la asociación ha permitido la eliminación de 53 hectáreas de arundo y otras malezas invasivas, además de retirar 2.466 bolsas de basura del bosque y reducir el combustible en más de 81 hectáreas de la cuenca del río San Gabriel.