Por Gonzalo Muñoz (*)

El actual modelo de desarrollo que siguen países como Chile busca incrementar el nivel de ingresos per cápita de la población y, de esa manera, permitir el progreso, asociándolo a la capacidad de las personas de mejorar su poder adquisitivo.

El problema es que ese mayor poder adquisitivo es sinónimo de comprar más residuos. Si ponemos en el mapa del mundo el índice de generación de basura per cápita, veremos de inmediato que a mayor PIB hay mayor generación de basura. Esto se debe a que muchos modelos de negocio no están contemplando la externalidad negativa, es decir, la basura que venden cuando venden sus productos.

Hasta ahora no nos habíamos puesto a pensar en la basura con la misma mirada crítica con que observamos la contaminación del aire o del agua. La reflexión inteligente debería ser analizar la fuente de la contaminación y no convivir con ésta de forma natural.

“La basura es un error de diseño”, es lo que sostenemos constantemente en TriCiclos. Diseño de los productos, diseño de los modelos de producción, diseño del sistema de consumo y, finalmente, diseño de los procesos de descarte. Una enorme cantidad de los productos que compramos están envasados con materiales no reciclables.

Necesitamos una nueva cultura que integre todos estos aspectos: facilitar el diseño de productos 100% reciclables, cambiar los procesos productivos, activar el consumo responsable y fortalecer cadenas de reciclaje, incluyendo la propia cultura del consumidor como agente de cambio. Necesitamos recuperar antiguas dinámicas de re-uso, como las botellas retornables, las bolsas de compras reutilizables y la vajilla lavable. Esa es una arista fundamental del modelo de desarrollo sustentable.

Para aprender a relacionarse con los materiales desde esa perspectiva es que existen los puntos limpios de TriCiclos, en los que los operadores cumplen el rol de monitores ambientales y son capaces de orientar al consumidor respecto de cómo reconocer los diferentes materiales, descartarlos correctamente y, a su vez, aprender a elegir de una mejor manera a la hora de comprar.

El modelo de desarrollo tiene que cambiar de una base lineal (extraer, producir, consumir y descartar) a uno de economía circular, donde los productos están pensados, diseñados y producidos para entrar en los ciclos técnicos y biológicos. En el caso de los ciclos técnicos, se trata de reusar, reparar, compartir y, en el último caso, reciclar, evitando que los materiales se escapen hacia los ecosistemas: vertederos, cauces de agua o como partículas de carbono combustionadas que terminan agravando la problemática del calentamiento global.

No podemos seguir planteando como solución enterrar o incluso quemar los residuos. Lo que debemos hacer es evitar la generación de basura a través del eco-diseño y repensar los modelos de negocio. Ya no tenemos tiempo para que este problema lo resuelvan las futuras generaciones.

En este momento, el cálculo plantea que existe una tonelada de plástico por cada cuatro toneladas de peces en los océanos. Si seguimos igual, en 2050 esa relación será de uno a uno. Igualmente grave es la problemática del calentamiento global. No podemos pensar que convertir la basura en energía nos va a ayudar; lo que debemos es reducir las emisiones urgentemente y potenciar las energías limpias.

Cuando hablamos de reciclaje, nos referimos a una evolución necesaria del ser humano en sus hábitos de consumo y relación con los demás, incluyendo los otros seres vivos. Es en ese contexto que el “desperdicio” más grave que estamos descartando es, justamente, el talento.

(*) Gonzalo Muñoz es cofundador y CEO de TriCiclos, cuya red de Puntos Limpios son apoyados por Coca-Cola, como una forma de contribuir con el medioambiente. Si quieres conocer más sobre el trabajo de TriCiclos junto con Coca-Cola revisa aquí