Las plantas embotelladoras del Sistema Coca-Cola, Andina y Embonor, no solo se enfocan en que las bebidas lleguen perfectamente a nuestra mesa. Su preocupación comienza por quienes cumplen un rol fundamental en este proceso: los asociados. En ese sentido, las innovaciones en materia de seguridad han logrado reducir su tasa accidentabilidad al punto de estar 25% por debajo del promedio de la industria en Chile.

Ambos socios embotelladores cumplen con todos los estándares de seguridad que establece la ley y, en la mayoría de los casos, buscan ir más allá. Para eso, la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) es la encargada de verificar que éstos se cumplan y, en el caso de Coca-Cola Andina, también opera como partner en materia de capacitación.

Reglas de Oro de seguridad

Desde 2016, tanto Andina como Embonor comenzaron a utilizar el Programa de Seguridad Basado en el Comportamiento (PSBC). “Se implementa en un período de tres años a través de 22 módulos distribuidos en tres fases de ejecución. Quien lo lidera tiene que reportar mensualmente el nivel de avance de sus actividades, para ir evaluando su implementación y efectividad. Su objetivo es establecer una cultura que nos permita asegurar cero accidentabilidad en el tiempo”, explica Héctor Muñoz, Gerente de Calidad, Inocuidad, Seguridad y Medio Ambiente de Coca-Cola Embonor en la V región.

“Una gran gestión en seguridad, por lo general se traduce en un 20% de reducción de accidentes al año. Nosotros en 2016, a nivel nacional, redujimos en un 37%”, dice orgulloso Marcos Méndez, Jefe de Seguridad de las Personas y Salud Ocupacional de Coca-Cola Andina Centro.

Un compromisos con la seguridad

A lo largo de Chile, Andina cumple con los cinco requerimientos para llevar a cabo su PSBC. El primero de ellos es contar con una carta de compromiso que busca reflejar lo que la Compañía espera de cada uno de sus asociados. “Necesitamos lograr un cambio cultural y la única forma es reconociendo los errores. El 90% de los accidentes tienen relación con algo que se hace mal o se dejó de hacer”, asegura Méndez.

En la misma  se establecen derechos, como recibir capacitaciones, equipos de protección personal (EPP) y herramientas; pero también se mencionan deberes, como utilizar permanentemente los EPP y cumplir con todas las normas de higiene y seguridad correspondientes. “Nada de lo que hacemos justifica arriesgarnos a sufrir una lesión o contraer una enfermedad”, es una de las frases destacadas de la misiva y la que, según Méndez, le da sentido a todo el programa.

En Coca-Cola Andina todos se informan respecto de la seguridad

El segundo requerimiento son las Reglas de Oro, diez puntos que nacieron a partir de la investigación de los últimos accidentes ocurridos en las plantas y centros de distribución de Andina desde 2012. “Todas las causas tenían que ver con alguno de esos enunciados. Entonces, si todos cumplimos con cada uno de ellos, nadie se accidenta. ¡Qué fácil y obvio es!”, dice el experto.

En caso de que los asociados no cumplan con alguna de estas reglas o que estén involucrado en algún accidente, reciben una invitación a la Academia de Seguridad. “No es un castigo o sanción, más bien se les invita para ver qué falló, identificar el error y así lograr modificar la conducta errada. El cambio cultural es lento, por eso nos gustaría que todos pasaran por esta academia alguna vez, porque es la instancia para transmitir cosas que no podemos decirles todos los días en la planta”, explica.

Además el PSBC organiza Grupos de Observación de Comportamiento, que reúnen a una persona de cada proceso (Mantenimiento, Suministro, Retornable, One Way, entre otros), para analizar en conjunto el comportamiento de las personas.

La información de estos grupos pasa al Comité Operativo, que está formado por los Jefes de Procesos y el Gerente de Planta y se reúne una vez al mes para analizar los hallazgos y poner en marcha planes de acción específicos por proceso.

“Asegura tu felicidad” es el eslogan del PSBC que lleva adelante Coca-Cola Andina y que engloba tres conceptos: autocuidado, cuidado mutuo y familia. Mantener a los asociados a salvo no solo es una tranquilidad para quienes los rodean, sino que también entrega excelentes resultados en cuanto a productividad, calidad y seguridad. Las líneas de producción que llevan años sin accidentes son las más productivas, lo que ocurre porque sus trabajadores no se lesionan, por ende, no se ausentan. Según Marcos Méndez hace cinco años contabilizaban 270 accidentes, en el año 2016 se cerró a 70. “Disminuimos mucho –señala-, pero el desafío es muy grande. Para mí, más de cero es demasiado”.

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