“He mirado esta imagen un millón de veces y la he usado en casi todas las presentaciones”, repite el Director de Comunicaciones Patrimoniales de The Coca-Cola Company, Ted Ryan.

La foto a la que se refiere es la de un quiosco ubicado en el Estadio Olímpico de Amsterdam, en 1928, año en que la Compañía debutó en los Juegos Olímpicos. Tres vendedores con chaquetas y gorros de Coca-Cola posan frente a la traducción holandesa de Delicius and Refreshing pintada a mano.

“La foto y el quiosco siempre han sido importantes para mí, por el simbolismo del momento y por el espíritu de aventura que debe haber existido en ese momento. En esos años, Coca-Cola ni siquiera era embotellada en Holanda… de hecho, la que se ve en la foto fue llevada desde Estados Unidos por los propios atletas que compitieron en esos juegos”.

Un hito como este no podía quedar en el olvido. Decidido a participar en el proyecto que celebra el Estadio Olímpico, que hace unas décadas fue salvado de la demolición y que hoy sigue siendo un espacio para el deporte, el equipo de Coca-Cola en Holanda, junto al propio Ted Ryan tuvieron una gran idea: ¿Qué pasaría si se reconstruía el quiosco?

La idea comenzó a tomar fuerza y comenzó la planificación.

Una de las primeras interrogantes fue el color. La primera versión que recibieron era roja brillante… dado que la foto de referencia estaba en blanco y negro, todos presumieron que ese había sido el tono original. Pero lo cierto es que, en 1928, aunque el rojo predominaba en la publicidad de la bebida, la paleta de colores era mucho más amplia e incluía colores como verde oscuro, amarillo brillante y blanco.

Varias guías de estandarización de 1923, 1928 y 1936 se enviaron para guiar a los creativos y tratar de hacer coincidir las tonalidades. “Nos parecía que el color dominante había sido el verde. Incluso en la foto en blanco y negro, parecía coincidir con los carteles publicitarios que son visibles. Y el espacio alrededor del logotipo habría sido rojo para que coincidiera con la publicidad en Estados Unidos”, explica Ryan.

Las nuevas representaciones fueron actualizadas y el proyecto pasó a la siguiente etapa. La idea era exhibir en el quiosco tesoros de la colección histórica de la Compañía. Para garantizar que éstas estuvieran a salvo, se construyeron molduras personalizadas en el mostrador y en las paredesCon el fin de garantizar su seguridad en la pantalla, teníamos monturas personalizadas hechas para permitir que se adjuntaran al mostrador y la pared de una manera que no perjudicara los artefactos.

Los canastos para llevar la bebida fueron la parte más difícil. No se pudo encontrar ninguno exacto a los de la fotografía, así que se usaron dos de los años treinta. Estos se sumaron al resto de los objetos y enviados a Amsterdam, donde estarán por los próximos cuatro años.

“Cuando llegué al estadio para instalar la exposición, me sorprendió ver el quiosco. Se veía exactamente como lo había imaginado y coincidía con el resto de la sala de 1928, que celebraba la maravillosa asociación entre los Juegos Olímpicos, el Estadio de Amsterdam y Coca-Cola. He realizado muchos proyectos interesantes a lo largo de mi carrera, pero sin duda este está en el tope de la lista”, sentencia Ted Ryan.